domingo, 28 de agosto de 2011

Un desconocido

Manda güevos… Manda güevos... Si es que ya no puede uno fiarse de nadie.

Parece mentira que después de tantos años todavía no me conozca. La suerte que tiene es que uno es educado. Eso, y que como no nos vamos a ver en bastante tiempo, dará lugar a que todo se calme y las aguas vuelvan a su cauce. Es lo que tiene ser un buenazo, que enseguida te olvidas de las cosas malas.

Llevamos sin vernos pues más o menos –más más que menos- el mismo tiempo que ella lleva saliendo con este tipo. Hemos hablado por teléfono en contadas ocasiones. Prácticamente no hemos tenido ningún tipo de contacto, ¿y ahora se cree que estoy acogiendo a su hija en mi casa porque todavía guardo esperanzas de volver con ella?

O al menos eso es lo que parece después de que me haya estado ocultando intencionadamente que tiene pareja. Como si eso fuese algo en lo que yo tuviera voz o voto.

Si yo le he ofrecido mi piso a la niña no ha sido con segundas intenciones, ni con esperanza alguna de nada. Aquello está superado y más que superado. Ya he comentado en alguna ocasión que sigo sintiendo cariño por ellas, y es verdad. No voy a volver a repetir todo eso ahora, pero lo que sí está claro es que es agua pasada.

El problema, una vez más, vuelvo a ser yo. Soy tan especial, tan distinto y tan buena persona que la gente no se lo cree, y piensan que tengo algún motivo oculto para hacer lo que hago. Y no es así.

Si hay algo de lo que me pueda enorgullecer, es hacer casi siempre lo que me da la gana, sin tener en cuenta las opiniones ajenas, que sea algo “normal” o que los demás no lo entiendan o no lo hicieran. Voy a mi bola, y me rijo por mis propios principios.

En resumiendo, porque no me quiero enrollar mucho, si la niña está aquí es porque me da la gana y punto. Sin buscar más motivos.


jueves, 14 de julio de 2011

Un año

¡Joder, casi un año desde la última publicación!

No me gusta ser repetitivo, aunque alguien pueda decir, y con razón, lo contrario, así que no voy a volver a escribir eso de que “si no he escrito nada es porque no tengo nada que escribir”. Al fin y al cabo el blog es mío y me lo follo cuando quiero. Si quiero repetirme pues me repito y punto. Ya dejé claro al principio que esto iba a ser una especie de diario personal, y no algo destinado a ser leído por otros. Lo de no repetirme es una puta excusa para dejar abandonado otro proyecto más, como de costumbre.

Pero bueno, dejemos de divagar, también como de costumbre. Ahora me ha dado por ponerme a escribir, supongo que algo influenciado por las cervezas que me he tomado comiendo, y que si bien no me han “embriagado” sí me han dado ese “puntito alegre”, genialmente descrito por Juan Echanove en “Turno de oficio” como “pedete lúcido”.

Ahora entiendo porque dicen que, aunque creamos lo contrario, no es bueno estudiar con música. Estoy escuchano “The sounds of silence” –entre otras- y me cuesta un poquito concentrarme en lo que estoy escribiendo. Mil disculpas por las divagaciones a que haya lugar.

¿Qué decir? ¿Qué contar? Narrar aquí los acontecimientos acaecidos durante este casi año es un poco redundante. Yo ya sé lo que ha ocurrido, y los pocos que podrían leer esto también. Francamente, no me apetece escribir sobre las cosas del trabajo, y además tampoco hay mucho que contar. Salvo que quizás pierda el destino debido a una reestructuración orgánica, pero que es algo improbable, no hay mucho que decir. Que un capullo ha dejado de hablarme debido a habladurías, con lo que tampoco he perdido mucho, ya que lo toleraba más que otra cosa.

Mi vida personal. Como dijo aquel humorista, “Yo de mi vida sexual podría estar hablando… ya he terminado.”. Pues eso, de mi vida personal podría estar hablando… ya he terminado. Bárbara ha estado unos meses viviendo en mi casa, debido a que estudia en Puerto Real y me parecía un despilfarro que alquilara un piso, y un despropósito que fuese y viniese todos los días desde Lebrija. Ahora está de vacaciones, pero supongo que volverá ya que se ha dejado aquí bastante ropa. Sinceramente, y aunque pueda parecer otra cosa, a mí no me estorba que esté aquí. Ahora que no está estoy todavía más cómodo si cabe, ya que me paseo en calzoncillos y me mato a pajas sin tener que cerrar la puerta y bajar el volumen de los vídeos, pero de verdad que no me molesta. Si me molesta, en cambio, la actitud de su madre. Supuestamente tenemos una amistad, si no, de que iba a acoger yo en mi casa a una chica de veinte años sin follármela a cambio… Bromas aparte, y aunque repito que no me molesta nada que Bárbara se quede aquí, creo que lo menos que una madre debe hacer con el dueño de la casa donde su hija se aloja a cama y baño –la comida se la trae ella- es invitarlo a un café, o al menos una llamadita de teléfono. Vamos digo yo, por mucha confianza que tengas con esa persona. Se trata de un mínimo de educación. Pero bueno, con esto ya demuestra la clase de persona que es.

Relaciones interpersonales:

Aquí podríamos dejar un espacio en blanco y reflejaría fielmente mi vida social. Salvo alguna salida, muy esporádica, con Javi, no hay absolutamente nada. Y eso es un problema. O mejor dicho, ese es el problema. Creo que mi gran problema… -risas indisimuladas y un comentario en voz alta “¿Solamente tienes un problema?”-, bueno, uno de mis problemas es la indecisión. Me cuesta la misma vida tomar una resolución. En este caso me debato entre lo cómodo y lo bien que estoy con mi aislamiento social, y la certeza de que eso no es bueno. Estoy cojonudamente saliendo del trabajo y metiéndome en mi piso, saliendo únicamente para comprar y cosas así, pero sé que eso no es bueno, ¿pero qué cojones puedo hacer?

Me han sugerido algunas cosas, unas las he probado y otras no han sido factibles. Salidas en un grupo a ciegas: fiasco. Camino de Santiago: fiasco. Clases de salsa: tengo demasiado sentido del ridículo. Cursos varios: aquí no hay una mierda; no olvidemos que esto es Cádiz, o “Cái” como les gusta decir a los autóctonos.

Ya sé que hace un par de años hablé de estudiar y del Acceso a la Universidad para Mayores de 25 años, pero reconozcámoslo, soy demasiado vago para eso.

En resumiendo, que me gustaría conocer gente y salir un poco más, pero sin compromisos por mi parte y dando ellos, u otros, todos los pasos, como me pasó con Charo. Como ya digo, cualquier día colocarán una foto mía en el Diccionario de la Real Academia Española, junto a la definición de “cómodo o cómoda”…

P.D.

Parece que Pepe Ángulo, alias el “quechua” vuelve a estar en activo y por las cercanías, será cuestión de estar pendiente, a ver si lo pillamos.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Llevo ya bastante tiempo sin escribir aquí, y eso es bueno. Este blog nació, o mejor dicho se convirtió, en una especie de diario. Un lugar donde desahogarme ya que aparte de un par de amigos de confianza nadie más lo conoce o visita. Aquí puedo contar mis pensamientos, cosa que en el otro ya resultaba un poco incomodo, por lo accesible del mismo. Además, aquel lo reservo para entradas más literarias u opiniones.

También le di menos publicidad a éste porque al ser más personal es menos interesante, más aburrido y sobre todo más repetitivo. Cuando uno tiene una vida rutinaria, como es la mía, las novedades dignas de ser referidas son prácticamente inexistentes. Eso incluye mi vida sentimental y social.

Lo que quiero decir con esto, es que si no he escrito nada es porque no tengo nada que contar, y para mí la ausencia de noticias ya es una buena noticia.

Pero ahora vuelvo a insistir en un tema cansino: mi ex.

Una ruptura casi nunca es fácil. En nuestro caso fue de mutuo acuerdo. Los dos coincidimos en que aquello no funcionaba, simplemente. No hubo peleas, infidelidades, ni nada parecido. Simplemente nos dimos cuenta de que no estábamos a gusto con la relación, y decidimos dejarlo. Lo bueno de este tipo de ruptura es que sigues conservando una amiga; lo malo es que queda –en alguno de los dos- un rescoldillo que no acaba de apagarse. Supongo que cuando encuentras a otra persona ese rescoldo termina de extinguirse, pero mientras…

Yo soy persona de pocos amigos. Soy tímido, introvertido, con pocas habilidades sociales… y una mierda. La verdad es que no soy así.

(Ya he dicho que el blog es mio y me lo follo cuando quiero, así que en vez de borrar y reescribir voy a ir divagando y rectificando sobre la marcha. )

Soy tímido, eso es verdad, pero no soy introvertido, ni tengo pocas habilidades sociales. Me considero una persona inteligente, culta, con buena conversación, de trato agradable, y tremendamente acomplejado por mi peso. El problema para mí es romper el hielo. Soy incapaz de iniciar las relaciones. Ese primer paso de acercarte a un desconocido y empezar a hablar… se me hace imposible. No puedo evitarlo Incluso en el Runes of Magic, un juego de rol online al que estoy medio enganchado, evito relacionarme con los demás jugadores todo lo posible. Joder, si hasta he creado cuatro personajes más para poder fundar mi propio gremio (clan, para los del WoW). Sólo mi educación me impide salir corriendo cuando alguien me habla en el juego. Aunque alguna que otra vez me he desconectado, fingiendo una caída del servidor, para cortar una conversación.

En fin, me centro que se me va la pinza más que de costumbre. Como ya he dicho, a pesar de que hace ya algunos años que terminamos la relación siempre he tenido un buen recuerdo y mucho cariño hacia mi ex, y hacia su hija. Casi no nos relacionábamos, ni nos veíamos, ni hablábamos por teléfono, pero eso es normal en mí. Eso sí, siempre me acordaba de felicitarles el santo y el cumpleaños. Uno que es así de cumplido. Las pocas veces que nos llamábamos era una conversación agradable, nos poníamos al día sin entrar en muchos detalles, no por nada, es que a mí el teléfono me parece muy frio, y sobre todo no me gusta cotillear, si la otra persona no me cuenta, yo no pregunto.

Hace poco más de un mes la llamé. Hacía tiempo que no hablábamos y me apetecía saber de ella. Ya digo que tengo pocos amigos, y me gusta conservarlos. El tema sentimental está más que superado, eso lo puedo asegurar. Lo intentamos un par de veces y no funcionó. Y además, llevo demasiado tiempo solo y me he acostumbrado. Hoy por hoy ni siquiera contemplo la posibilidad de una relación.

En fin, que la llamé, como dije antes, y al estar ocupada en ese momento simplemente le dije de quedar para tomar un café, que es para lo que la llamaba. Ya digo que a mí el teléfono me parece muy frio, y me apetecía charlar un rato con ella. Como yo no tengo ningún compromiso social, nunca, pero desconozco si ella los tiene le dije que fuese ella quien llamara o enviara un mensaje para quedar. Un sábado al mediodía para tomar una cerveza, o una tarde para echar un café. Nada más que eso. Bueno, pues todavía sigo esperando.

Sé que ella es una persona muy social y muy sociable. Sé que es una persona muy ocupada, siempre lo ha sido. Sé, porque ya lo dijo en otra ocasión, que no va a dejarlo todo porque alguien la llame. ¿Pero no tienes una tarde de fin de semana para tomar un café con un amigo? Amistad en la que ella siempre insistió antes incluso de hablar de noviazgo o como quieran llamarlo.

Siempre he sido muy paciente. Demasiado paciente, supongo. Quizás el problema es que la malacostumbré, y ahora no puedo querer cambiar las reglas del juego, pero lo que sí puedo hacer es abandonar la partida. Para mí un amigo es alguien que cuando tú le pides algo, si está en su mano te lo da, igual que sabe que siempre puede contar contigo. Yo siempre he estado ahí, para ella y para su hija, a la que sigo teniendo mucho cariño porque la he visto crecer desde que era una niña, pero ahora se acabó.

Yo no pido casi nunca y perdono casi todo pero, como ella ya sabe, si hay algo que me cuesta perdonar, por el daño que me hace, es que me ofrezcas algo que me “ilusione”, y luego me dejes tirado. Eso es lo peor que me puedes hacer, no lo puedo evitar. Si no quieres quedar, si no quieres saber nada más de mí, dímelo. “Más vale una vez colorá’ que un ciento amarilla” decía ella a menudo.

Lo siento de verdad, porque como ya he dicho tengo pocos amigos y me gustaría conservarlos, pero es que una persona que me hace esto no merece ser llamada amiga.

De todas formas lo tengo muy claro. Si hay alguien que sale perdiendo aquí es ella, porque yo soy del tipo de persona que ofrece todo lo que tiene pero luego es incapaz de pedir nada.

Soy, lo tengo muy claro, un muy buen amigo… de mis amigos.

sábado, 5 de septiembre de 2009

"Yo soy el que soy", Exodo 3:14

No, tranquilos que no me he vuelto creyente. Es simplemente que anoche, mientras volvía a casa me vino a la cabeza esta frase, ya sabéis, cuando Yahvé se dirige a Moisés en el Sinaí, y me pareció un buen título.

Me doy cuenta de que hace ya tiempo que no actualizo, y que además no os he contado mi segunda experiencia con los “singles” de Cádiz, así que empecemos por el principio.

Tras mi fallido primer intento de contactar con otras formas de vida basadas en el carbono y (supuestamente) inteligentes, decidí darme una nueva oportunidad. Esta vez tomé nota del teléfono de una de las “miembras” –gracias, Sra. Ministra, por estos impagables aportes a la lengua castellana- para evitar el fiasco anterior. Contacté vía página web con ellos para avisarles de mi incorporación al grupo y una vez en Cádiz no me la jugué, llamé y conseguí identificar al grupo, o más bien mini-grupo porque conmigo éramos cinco –aquí viene la rima fácil-. El grupo lo constituíamos tres mujeres y dos hombres. Edad media más de cuarenta –yo el más joven-, y todos divorciados, menos yo.

Lo primero fue ir a tomar algo, misión difícil porque se estaba ¿celebrando? en Cádiz un “mercado medieval, o lo que es lo mismo, cuatro tenderetes con baratijas, especies para infusiones, chocolate y un tipo estafando a los pobres padres despistados que habían acudido con sus hijos, a los que ofrecía paseos en pony, y la zona estaba bastante concurrida. Tras dar varias vueltas conseguimos una mesa en un bar, donde nos sirvieron algo parecido a la cerveza –pa’ mí que era una “clara” o cerveza con casera blanca. O eso o es la peor cerveza que he tomado nunca-.

Tras unos minutos la conversación derivó al tema preferido de cualquier separado/divorciado, dicho esto con la mayor ironía posible: los ex. Aquí pude participar poco, dado mi estado civil de soltería irredenta. Luego el tema cambió, que si Cuba, que si los hijos, que si otros viajes, etc. El otro miembro masculino del grupo nos puso al corriente de su vida, obra y milagros, temas de los que tampoco pude opinar mucho, dado lo personal de los mismos.

Después de dar una vuelta por los tenderetes –versión medieval de “mirar escaparates”-, acabamos yendo a un local de copas donde, según dijo alguien, ponían música de los ochenta y noventa. Aquí tomé una copa y dado que tenía que conducir para volver a San Fernando usé esa excusa y me largué.

Sin entrar en mucho detalle, detalle que tampoco hay, decir que no, que la cosa no cuadró. No sé, simplemente no vi que tuviera nada en común con esa gente. Supongo que no tiene nada de extraño, en un grupo tan reducido lo raro hubiera sido encontrar a mi alma gemela, y más en Cádiz. Tú ya me entiendes, Leo.

Hay algo que… no sé. Otra de las pegas de la reunión fue que los encontré demasiado mayores para mí. Quizás el problema esté también en que yo no asumo mi edad. Tengo cuarenta años, pero no me identifico con mi generación. O a lo mejor es que no he encontrado gente de mi edad parecidos a mí.

Pero esto pasó hace unas tres semanas, y ayer fue ayer.

Hace un par de días, un compañero me informó de una fiesta en Jerez. La organizaba otro club de “singles” y se celebraba en una bodega. El precio era 25 euros e incluía entremeses y tres consumiciones. Edad mínima 35 años. El asunto me interesó y tras varias vacilaciones me decidí a efectuar la reserva. Cuando le dije al tipo que me atendió que iría solo me comentó que había muchísima gente que iría así, y que ya había cerca de cuatrocientas reservas hechas.

Debo admitir que tenía mis dudas. Me daba miedo hacer el imbécil otra vez. No es que fuera a hacer el ridículo, tengo demasiado sentido del ídem para hacer tonterías, sino que temía que una vez en el sarao me limitaría a picar algo, tomar una o dos copas –otra vez la carretera- y permanecer en un rincón sin hablar con nadie. Al final me armé de valor y, como ya he dicho, hice la reserva.

Y así el viernes me vestí para la ocasión -incluso me duché, no creáis-, me perfumé y, tras dar vueltas por las cercanías durante una media hora –el sentido de la orientación no es mi fuerte- me presenté en la bodega.

Como me gusta actuar sobre seguro, o al menos con el mayor conocimiento posible, dediqué diez o quince minutos a simular esperar a alguien antes de entrar. De este modo podía ver que tipo de gente acudía a la fiesta y ver que ambiente me iba a encontrar.
Transcurrido ese tiempo prudencial y ya sabiendo lo que había, di media vuelta, cogí el coche y regresé a mi casa.

No sé quien mintió, si quien contestó al teléfono y me dijo que había mucha gente sola, o los que llamaron para decir que irían solos, pero todos los que llegaban a la bodega iban en grupo, y me dí cuenta de que si entraba iba a ocurrir lo que me había imaginado. Era, precisamente, el creer que habría más gente en mi situación lo que me había animado a acudir. Si coges a cincuenta desconocidos y los metes juntos en una habitación, más tarde o más temprano empezarán a hablar entre ellos, pero si metes a cinco conocidos y cuarenta y cinco extraños, los cinco formaran un grupo y el resto mirará sin participar.

Ya sé que esto es un poco exagerado. Hay muchísima gente que no tiene problemas en relacionarse y hablar con cualquiera, pero también hay muchos como yo que somos incapaces de hacerlo. Si hay algo que me corta aún más que hablar con un desconocido es acercarme a un grupo ya formado.

Pero todo esto me ha dejado algo claro, y de ahí el título de la entrada: Yo soy como soy.

Soy un solitario. Es mi forma de ser y eso no va a cambiar. Me he dado cuenta de que no se trata de una mera cuestión de carácter. No es como decir “No me gusta correr”. Efectivamente no me gusta correr, pero hago el esfuerzo y salgo casi todas las mañanas, pero esto es diferente. Es más como el vértigo o las fobias, es un miedo irracional. La timidez, o al menos la timidez patológica, como es mi caso, no se supera tan fácilmente. No es cuestión de echarle cojones y pa’lante. Cuando lo intentas, todo tu ser se rebela y te incapacita. En cierto modo me ha recordado a cuando intenté saltar en paracaídas. Subí a la avioneta, me enganché al cable, me situé en la puerta… y me rajé. Pensé que nadie me obligaba a hacer aquello, y francamente no quería hacerlo, así que volví a mi sitio y tome tierra de un modo más natural. Por supuesto que en aquel momento me jodió que mi hermana pequeña sí saltara, pero luego pensé que ella no padecía miedo a las alturas, como he podido comprobar que es mi caso. Aquí ha pasado lo mismo. Si una situación, como es dirigirme a desconocidos, me provoca angustia, ¿por qué tengo que hacerlo?

Es posible, por no decir seguro, que mi vida es bastante aburrida. Del trabajo a casa y de casa al trabajo, con alguna salida más que ocasional. Pero es mi vida, y a mí no me agobia. He intentado adaptarme al estándar. Cumplir la norma, entendiendo por norma lo que es “normal”, es decir, lo que hace la mayoría. He intentado negar mi propia individualidad y mi derecho a ser diferente pero se acabó.

¿Qué soy un asocial, un bicho raro? Po’ fueno… Po’ fale… Po m’alegro

La otra opción es convertirme en un misántropo, porque cuando vuelvo de uno de estos intentos lo hago cabreado y cagándome en todo.

Así que lo tengo claro. Soy una persona solitaria, y no me importa. No hecho en falta nada ni a nadie. Estoy a gusto solo. No me agobio por no salir los fines de semana o por no hablar con nadie fuera del trabajo. Es mi vida y la vivo como quiero.

Eso no quita que si en algún momento surge algo, y no me refiero a una relación sentimental, sino simplemente amistosa, la vaya a rechazar, pero desde luego lo que no pienso volver a hacer es forzar la situación.

sábado, 15 de agosto de 2009

Mi primera vez

Pues como prometí en la entrada anterior, voy a contaros mi primera experiencia con el grupo de SinglesCádiz.


Habíamos quedado de 22:00 a 22:30 en una plaza de Cádiz, lugar donde se reúne un grupo habitual todos los viernes. A las 22:05 aproximadamente me dirigí a ese lugar, no queriendo llegar ni el primero ni el último. A las 22:25 salía del aparcamiento subterráneo que hay justo en esa misma plaza y empecé a buscar a la gente. A las 22:45 se me hincharon los cojones, dejé de buscar, cogí el coche y me volví a mi casa. Fin de la salida.


No voy a culpar a nadie del fracaso de esta primera tentativa. Lo lógico por mi parte hubiera sido pedir en el foro que concretasen un poco, pero imaginaba que un grupo de personas de más o menos mi edad sería fácil de reconocer. Con lo que yo no contaba es que estamos en pleno mes de agosto, que Cádiz sigue siendo un destino turístico y que en la plaza hay varios locales con terraza. Coño, es que todos los grupos que veía o tenían niños, o eran parejas, o había personas mayores –y cuando digo “mayores” quiero decir “MAYORES”-. Además, no veía ninguna mesa con “mucha” gente, lo cual me lleva a pensar que no se reúnen tantos como yo creía. Esto último no me importa mucho, la verdad. No me gustan los grupos demasiado numerosos, me siento un poco perdido. Pero es que no había ningún indicio de cual era la mesa que yo buscaba, y el ir preguntando de una en una si eran los “solitarios de Cádiz” no me parecía demasiado apropiado.


Pero no pasa nada. Anoche, mientras regresaba a mi oscuro, solitario y frío piso –“frío” por los cojones, casi 30º anoche-, iba jurando en arameo, mandándolos a todos a la mierda y haciendo promesa de no volver a pisar esa página. Es lo que tengo, si quieres hacerme daño no tienes más que ilusionarme un poquito y luego dejarme tirado. Con eso tienes asegurado un buen rato de disgusto. Incluso pensé en ir a tomarme unas copas yo solo, pero me di cuenta que eso no haría más que empeorar mi estado de ánimo. También se me pasó por la cabeza escribir esta entrada, pero tras beberme una cerveza y enfriarme un poquito decidí consultarlo con la almohada, y me alegro de haberlo hecho. Viéndolo ahora, más calmado, no puedo culparlos de nada. Ellos ya se han reunido otras veces y saben donde es. Incluso una de las “miembras” como diría nuestra flamante Ministra de Cultura, había dejado su teléfono en un comentario, tonto de mí que me confié demasiado, otra vez, en poder reconocerlos sin haberlos visto nunca.


Pero ya está. He dejado un comentario pidiendo que especifiquen un poco más, y daremos otra oportunidad al grupo. Una de las pocas virtudes que tengo es saber reconocer cuando tengo la culpa, y en este caso ha sido mía. A ver si el próximo viernes sale mejor la cosa.

viernes, 14 de agosto de 2009

La vuelta al "cole"

Querido diario:

Pues esta vez tengo un par de cositas que comentar.

Lo primero es decir que tengo más claro lo de hacer el acceso a la Universidad para mayores de 25 años, pero lo que no es tan seguro es que vaya a estudiar después una carrera. Aunque me veo perfectamente capaz de aprobar el examen de acceso, la carrera es harina de otro costal, como se decía antiguamente. No obstante, la misma prueba de acceso me facultaría para acceder, valga la redundancia, a un modulo formativo de grado superior, y eso sí lo veo más acorde, no a mis capacidades, que las tengo sobradas, sino a mi carácter. Pensar en dedicar horas y horas y noches y noches a los estudios universitarios… no sé. No lo acabo de ver muy claro. Me conozco bien y sé que me cansaría enseguida. No me van los esfuerzos.
Pero lo de hacer un par de años, y además mucho más prácticos que la carrera, eso ya es otra cosa.

Por supuesto me estoy refiriendo siempre a estudiar Informática, único tema en el que tengo algo de interés. Bueno, en el caso de la carrera también me atrae la Psicología, pero no hasta el punto de dedicar seis o siete años a sacarla. Cuando llegue septiembre me informaré a fondo sobre el tema, y como tengo derecho a beca, no perderé gran cosa, aparte del tiempo. Y ese es un bien que poseo en abundancia y muy barato.

La segunda cosa es que esta noche me estreno. No es que vaya a estrenarme sexualmente, salvo que la virginidad masculina vuelva a crecer si se practica la abstinencia lo suficiente; y aunque fuera ese el caso, no estoy hablando de que vaya a mantener esta noche relaciones sexuales, sino que me reúno por primera vez con la gente de SingleCádiz, un grupo, como su propio nombre indica, de solteros, “separatas”, divorciados, etc. Le daría las gracias a Teresa por recomendarme la página, pero mejor esperamos a esta noche a ver que pasa.

Como ya he dicho otras veces, ahora mismo lo único que busco es amistad. Gente con la que quedar, como esta noche, y charlar mientras tomas unas copas. Salir un poco de mi casa y relacionarme. No busco, aunque tampoco me cierro en banda, otra cosa, así que soy fácil de contentar. Cuanto más bajas sean tus expectativas, más fácil será que se vean colmadas.

Así que ya os contaré como ha ido la cosa.



sábado, 1 de agosto de 2009

El Camino de Santiago

Querido diario:


Ha pasado bastante tiempo desde la última entrada, pero ya sabes que mi vida es bastante aburrida. Ahora que he vuelto de Santiago de Compostela sí tengo algo que escribir. No voy a repetir aquí lo que escribí en el otro blog, simplemente voy a explayarme un poco sobre por qué ha sido un fracaso. En tres palabras: por mi culpa.


Quizás influyó también una información “defectuosa”. Todo el mundo dice que es muy fácil hacer amistades en el camino, y eso debe ser verdad, pero para la gente normal; para la gente que no tiene dificultad en relacionarse. Cuando uno es un asocial, tímido crónico e incapaz de hablar con un desconocido, el hecho de ser un “peregrino” no cambia nada.


Yo esperaba, iluso de mí, que al ir solo me sería más fácil hablar con otros peregrinos que también fuesen en solitario. Incluso esperaba acoplarme a algún grupito poco numeroso de gente de mi quinta, pero no. Para empezar, eran muy pocos los viajeros que iban solos como yo, y los poquitos que había eran extranjeros y mayores, salvo raras excepciones. También me encontré con poca gente de mi edad. O eran muy jóvenes o muy mayores, y en ambos casos grupos de amigos que hacían el camino juntos.


Por otra parte, mi “instinto de macho” me empujaba a acercarme a las chicas, y más si eran atractivas –a estas alturas todas me parecen atractivas-, pero no me gusta parecer un “ligón”, así que me contenía, apretaba el paso y continuaba la marcha. Otro handicap más.

En resumen, la culpa de este fiasco ha sido mía y solamente mía. No debo culpar a nadie por mi incapacidad para relacionarme.


Hay una segunda lectura de esta experiencia. Diez días andando y pensando –no me gusta usar el Mp3 salvo cuando voy a correr- dan para reflexionar bastante. Estoy a punto de cumplir cuarenta años, aunque no los aparento. Casi no tengo amigos, y no mojo desde hace ya… bueno, mejor no “meneallo”. Cada vez veo más difícil encontrar pareja, y cuanto más tiempo pasa más me acostumbro a estar solo. Por una parte lo tengo más que asumido, y no me preocupa mucho. Ya se sabe que “órgano” que no se utiliza se atrofia, y lo mismo parece que ocurre con los sentimientos. Pero por otra parte me gustaría tener un poco más de vida social. Los fines de semana que me paso en mi casa no resultan agobiantes, pero echo en falta salir, dar una vuelta, hablar con alguien. Los días que pasé acompañado durante la peregrinación fueron los mejores del viaje. A pesar de la diferencia de edad y de intereses con Jose, uno de los sevillanos, lo pasamos bien hablando. Comprobé, una vez más, que soy una buena compañía, aunque me esté mal el decirlo. Entonces, ¿por qué me cuesta tanto relacionarme?


Joder, ¿por qué me resulta tan difícil romper el hielo y dar el primer paso? Creo que voy a darme otra oportunidad. Buscaré de nuevo alguna actividad que me permita conocer a otras personas, y a ver que pasa. Quizás me decida por el acceso a la universidad para mayores de 25 años. En ese ambiente es seguro que habrá gente de mi edad e intereses. En fin, probaremos. Al fin y al cabo, lo más que puedo perder son unos cuantos euros.