miércoles, 29 de abril de 2009

Y vuelta la burra al trigo...

No quiero resultar repetitivo, ni convertir este blog en monotemático, pero las cosas son como son. Se puede disimular. Se puede ocultar. Se puede fingir que no nos acordamos y hablar de otras cosas, pero todo es mentira.

Lo malo de los sentimientos es que no se pueden controlar. Uno no elige lo que siente, sea amor, simpatía o rechazo hacia otras personas. Quien crea lo contrario se engaña a si mismo. Podemos imponernos a ellos. Podemos aplastarlos y sofocarlos bajo el peso de la razón. Podemos fingir que no están ahí, e incluso aparentar sentimientos totalmente distintos, pero en cuanto bajamos la guardia vuelven a resurgir, recordándonos que el hombre es un animal visceral, sin control sobre su propio corazón. Cierto que lo normal es que cada resurgimiento sea, afortunadamente, más débil que el anterior, pero aún así, nos vemos obligados a luchar contra ellos para poder imponer la razón.

Muchas veces, este “resurgimiento” viene motivado por una canción o escena romántica, o por canciones o situaciones que te traen recuerdos, por estar asociadas a momentos especiales, y te hacen añorar tiempos pasados. Pero también hay canciones o películas que tienen el efecto contrario, te ayudan a darte cuenta de los errores cometidos y te ofrecen las palabras justas para superar el pasado.

No voy a caer a estas alturas en la trampa de identificarme con una canción. Cuando uno peina canas -si no en los huevos, al menos sí en el pecho-, acostumbra a estar muy escarmentado, y a no fiarse ni de su padre. Aún así, hay canciones que al escucharlas no puedes evitar pensar que están compuestas para ti. O al menos, para tu “yo” de ese momento. Ésta es una de esas canciones y aunque ya la conocía de antes, es ahora cuando ha adquirido un sentido especial. No estoy seguro de cual era la intención del compositor, ya que la letra resulta un poquito ambigua. La persona que montó el vídeo también usó imágenes con un significado… indeciso. Pero sé cómo la interpreto yo, y lo que significa para mí una frase en concreto:

“Sólo me queda la esperanza, que como el viento al humo, te apartes tú de mí”

Porque eso es lo que yo espero. Si no puedo luchar contra mis sentimientos desde la razón, dejaré que sea el tiempo el que se encargue de ellos, pero para que eso suceda, mantener la distancia es imprescindible.


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