jueves, 7 de mayo de 2009

Negación, ira, negociación, depresión y aceptación

Querido diario:


Creo que estoy enfermo.


Observé los primeros síntomas hace algún tiempo, pero no le dí importancia. Creí que se trataba de otra cosa, pero no. Definitivamente no. ¡Dios! Con la de gente que he visto caer víctima de este “virus”, y no he sido capaz de evitar mi propia infección.


No diré que me reía de los “enfermos” que descubría, pero sí pensaba que yo estaba por encima de esas cosas. Yo era demasiado inteligente, demasiado fuerte, para caer. Yo estaba por encima de esas tonterías… Yo era demasiado soberbio, prepotente y tonto al creerme mejor que los demás.


Y ahora ya me ves. Soy uno más, o casi. Todavía me quedan algunas fuerzas, pero sobre todo, me queda dignidad. No alcanzaré la fase terminal. Me niego.


Lo que quiero decir con todo esto, es que definitivamente he caído víctima de “la crisis de los cuarenta”.


Ya he comentado anteriormente que desde hace algún tiempo he empezado a cuidarme. Ejercicio, comida sana, higiene personal –incluida la dental-, coche nuevo, etc. He intentado engañarme a mí mismo diciéndome que el ejercicio y la comida eran por salud, al igual que lo de los dientes. Que el coche viejo estaba demasiado mal, y ya no aguantaba más. Incluso lo de la depilación, porque me crecen mucho las cejas… Pero es falso. La prueba definitiva ha sido cuando me he descubierto dejándome el pelo un poco más largo, y llevándome un cepillo al trabajo, para poder peinarme. ¡Yo, que siempre he llevado el pelo cortado casi “al cepillo”!


La verdad, la pura y dura verdad, es que me ha llegado ese momento en la vida de un hombre en que te ves en la mitad de tu vida, y emprendes una histérica y alocada huida hacia ninguna parte, intentando escapar de lo inevitable: la madurez. Al menos, como he dicho antes, me queda el suficiente sentido común como para no hacer el ridículo intentando ligar con dieciochoañeras en las discotecas…



No hay comentarios.: