Esta canción quiero dedicársela a mi autoestima.
Es curioso, he escuchado esta canción un montón de veces –una vez más se pone de manifiesto mi vagancia, al no ser capaz de renovar la música del mp3 que uso cuando voy a correr. Porque no sé si os he dicho que corro casi todos los días, y no os creáis, ¿eh? De cincuenta minutos a una hora, vamos, unos ocho kilómetros…-, la he escuchado, como decía antes, un montón de veces y de pronto descubres que habla de ti. Eso, o que tengo demasiada imaginación y un ego -sólo comparable a mi inteligencia, ingenio y, por qué no decirlo, mi enorme potencia sexual- que me hace creer que todas las canciones hablan de mí.
Como siempre digo en estos casos, no es que la canción refleje mi personalidad al 100%, pero sí coincide con algún aspecto de mi carácter. Uno de los poquísimos defectos que tengo, aparte de un exceso de modestia, es la falta de autoestima. Tiendo a infravalorarme, y eso se nota. Cedo demasiado ante los demás, dándole más importancia a sus opiniones o decisiones que a las mías. Eso hace que me muestre como alguien inferior, y la gente reacciona en consecuencia. Si tú mismo dices que la mercancía que intentas vender es mala, la gente va a pensar que es mala, y al revés.
Hay una película, Wishmaster, que cuenta la historia de un djinn, un genio como el de los cuentos, pero el original de la mitología oriental. Son unos hijos de puta que se dedican a conceder deseos, pero a su manera, y luego se quedan con tu alma. Por ejemplo, una dependienta de una tienda le dice que le gustaría ser joven y bella para siempre, y él la convierte en un maniquí.
Pero a lo que voy. El protagonista, el djinn, es un actor llamado Andrew Divoff. Lo que más me llamó la atención de él era la total y absoluta confianza en si mismo que transmitía. No sé si físicamente resultará atractivo a las mujeres, pero exudaba seguridad. Daba la impresión de ser una persona que podría hacer lo que quisiera, porque nadie se opondría. Con esto lo que quiero decir es que muchas veces es más importante tu actitud que tu importancia real. Si te comportas con seguridad y arrogancia, la gente tenderá a pensar que tienes motivos para hacerlo, y te tratarán en consonancia. Y al revés.
Esta seguridad es algo que siempre me ha faltado, y que intento solucionar. Por eso a veces resulta una pequeña ayuda canciones como esta, que tú reinterpretas y das el significado que quieres –como he hecho anteriormente en este blog-. Me da igual lo que Paulina Rubio tuviera en la cabeza cuando cantaba, o lo que quería transmitir el compositor. Yo lo cojo y lo adapto a una llamada de socorro de mi propia autoestima, de mi seguridad en mi mismo que, cansada de verme humillarme y ceder, intenta volver a situarme a la misma altura que cualquier otro, e incluso por encima de muchos. Porque sí, porque, como dice el anuncio, yo lo valgo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario