Pues como prometí en la entrada anterior, voy a contaros mi primera experiencia con el grupo de SinglesCádiz.
Habíamos quedado de 22:00 a 22:30 en una plaza de Cádiz, lugar donde se reúne un grupo habitual todos los viernes. A las 22:05 aproximadamente me dirigí a ese lugar, no queriendo llegar ni el primero ni el último. A las 22:25 salía del aparcamiento subterráneo que hay justo en esa misma plaza y empecé a buscar a la gente. A las 22:45 se me hincharon los cojones, dejé de buscar, cogí el coche y me volví a mi casa. Fin de la salida.
No voy a culpar a nadie del fracaso de esta primera tentativa. Lo lógico por mi parte hubiera sido pedir en el foro que concretasen un poco, pero imaginaba que un grupo de personas de más o menos mi edad sería fácil de reconocer. Con lo que yo no contaba es que estamos en pleno mes de agosto, que Cádiz sigue siendo un destino turístico y que en la plaza hay varios locales con terraza. Coño, es que todos los grupos que veía o tenían niños, o eran parejas, o había personas mayores –y cuando digo “mayores” quiero decir “MAYORES”-. Además, no veía ninguna mesa con “mucha” gente, lo cual me lleva a pensar que no se reúnen tantos como yo creía. Esto último no me importa mucho, la verdad. No me gustan los grupos demasiado numerosos, me siento un poco perdido. Pero es que no había ningún indicio de cual era la mesa que yo buscaba, y el ir preguntando de una en una si eran los “solitarios de Cádiz” no me parecía demasiado apropiado.
Pero no pasa nada. Anoche, mientras regresaba a mi oscuro, solitario y frío piso –“frío” por los cojones, casi 30º anoche-, iba jurando en arameo, mandándolos a todos a la mierda y haciendo promesa de no volver a pisar esa página. Es lo que tengo, si quieres hacerme daño no tienes más que ilusionarme un poquito y luego dejarme tirado. Con eso tienes asegurado un buen rato de disgusto. Incluso pensé en ir a tomarme unas copas yo solo, pero me di cuenta que eso no haría más que empeorar mi estado de ánimo. También se me pasó por la cabeza escribir esta entrada, pero tras beberme una cerveza y enfriarme un poquito decidí consultarlo con la almohada, y me alegro de haberlo hecho. Viéndolo ahora, más calmado, no puedo culparlos de nada. Ellos ya se han reunido otras veces y saben donde es. Incluso una de las “miembras” como diría nuestra flamante Ministra de Cultura, había dejado su teléfono en un comentario, tonto de mí que me confié demasiado, otra vez, en poder reconocerlos sin haberlos visto nunca.
Pero ya está. He dejado un comentario pidiendo que especifiquen un poco más, y daremos otra oportunidad al grupo. Una de las pocas virtudes que tengo es saber reconocer cuando tengo la culpa, y en este caso ha sido mía. A ver si el próximo viernes sale mejor la cosa.
1 comentario:
Coño, tío, pues a pesar de este primer fiasco la idea no parece tener mala pinta. Ánimo y suerte la próxima vez.
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