¡Joder, casi un año desde la última publicación!
No me gusta ser repetitivo, aunque alguien pueda decir, y con razón, lo contrario, así que no voy a volver a escribir eso de que “si no he escrito nada es porque no tengo nada que escribir”. Al fin y al cabo el blog es mío y me lo follo cuando quiero. Si quiero repetirme pues me repito y punto. Ya dejé claro al principio que esto iba a ser una especie de diario personal, y no algo destinado a ser leído por otros. Lo de no repetirme es una puta excusa para dejar abandonado otro proyecto más, como de costumbre.
Pero bueno, dejemos de divagar, también como de costumbre. Ahora me ha dado por ponerme a escribir, supongo que algo influenciado por las cervezas que me he tomado comiendo, y que si bien no me han “embriagado” sí me han dado ese “puntito alegre”, genialmente descrito por Juan Echanove en “Turno de oficio” como “pedete lúcido”.
Ahora entiendo porque dicen que, aunque creamos lo contrario, no es bueno estudiar con música. Estoy escuchano “The sounds of silence” –entre otras- y me cuesta un poquito concentrarme en lo que estoy escribiendo. Mil disculpas por las divagaciones a que haya lugar.
¿Qué decir? ¿Qué contar? Narrar aquí los acontecimientos acaecidos durante este casi año es un poco redundante. Yo ya sé lo que ha ocurrido, y los pocos que podrían leer esto también. Francamente, no me apetece escribir sobre las cosas del trabajo, y además tampoco hay mucho que contar. Salvo que quizás pierda el destino debido a una reestructuración orgánica, pero que es algo improbable, no hay mucho que decir. Que un capullo ha dejado de hablarme debido a habladurías, con lo que tampoco he perdido mucho, ya que lo toleraba más que otra cosa.
Mi vida personal. Como dijo aquel humorista, “Yo de mi vida sexual podría estar hablando… ya he terminado.”. Pues eso, de mi vida personal podría estar hablando… ya he terminado. Bárbara ha estado unos meses viviendo en mi casa, debido a que estudia en Puerto Real y me parecía un despilfarro que alquilara un piso, y un despropósito que fuese y viniese todos los días desde Lebrija. Ahora está de vacaciones, pero supongo que volverá ya que se ha dejado aquí bastante ropa. Sinceramente, y aunque pueda parecer otra cosa, a mí no me estorba que esté aquí. Ahora que no está estoy todavía más cómodo si cabe, ya que me paseo en calzoncillos y me mato a pajas sin tener que cerrar la puerta y bajar el volumen de los vídeos, pero de verdad que no me molesta. Si me molesta, en cambio, la actitud de su madre. Supuestamente tenemos una amistad, si no, de que iba a acoger yo en mi casa a una chica de veinte años sin follármela a cambio… Bromas aparte, y aunque repito que no me molesta nada que Bárbara se quede aquí, creo que lo menos que una madre debe hacer con el dueño de la casa donde su hija se aloja a cama y baño –la comida se la trae ella- es invitarlo a un café, o al menos una llamadita de teléfono. Vamos digo yo, por mucha confianza que tengas con esa persona. Se trata de un mínimo de educación. Pero bueno, con esto ya demuestra la clase de persona que es.
Relaciones interpersonales:
Aquí podríamos dejar un espacio en blanco y reflejaría fielmente mi vida social. Salvo alguna salida, muy esporádica, con Javi, no hay absolutamente nada. Y eso es un problema. O mejor dicho, ese es el problema. Creo que mi gran problema… -risas indisimuladas y un comentario en voz alta “¿Solamente tienes un problema?”-, bueno, uno de mis problemas es la indecisión. Me cuesta la misma vida tomar una resolución. En este caso me debato entre lo cómodo y lo bien que estoy con mi aislamiento social, y la certeza de que eso no es bueno. Estoy cojonudamente saliendo del trabajo y metiéndome en mi piso, saliendo únicamente para comprar y cosas así, pero sé que eso no es bueno, ¿pero qué cojones puedo hacer?
Me han sugerido algunas cosas, unas las he probado y otras no han sido factibles. Salidas en un grupo a ciegas: fiasco. Camino de Santiago: fiasco. Clases de salsa: tengo demasiado sentido del ridículo. Cursos varios: aquí no hay una mierda; no olvidemos que esto es Cádiz, o “Cái” como les gusta decir a los autóctonos.
Ya sé que hace un par de años hablé de estudiar y del Acceso a la Universidad para Mayores de 25 años, pero reconozcámoslo, soy demasiado vago para eso.
En resumiendo, que me gustaría conocer gente y salir un poco más, pero sin compromisos por mi parte y dando ellos, u otros, todos los pasos, como me pasó con Charo. Como ya digo, cualquier día colocarán una foto mía en el Diccionario de la Real Academia Española, junto a la definición de “cómodo o cómoda”…
P.D.
Parece que Pepe Ángulo, alias el “quechua” vuelve a estar en activo y por las cercanías, será cuestión de estar pendiente, a ver si lo pillamos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario