domingo, 28 de agosto de 2011

Un desconocido

Manda güevos… Manda güevos... Si es que ya no puede uno fiarse de nadie.

Parece mentira que después de tantos años todavía no me conozca. La suerte que tiene es que uno es educado. Eso, y que como no nos vamos a ver en bastante tiempo, dará lugar a que todo se calme y las aguas vuelvan a su cauce. Es lo que tiene ser un buenazo, que enseguida te olvidas de las cosas malas.

Llevamos sin vernos pues más o menos –más más que menos- el mismo tiempo que ella lleva saliendo con este tipo. Hemos hablado por teléfono en contadas ocasiones. Prácticamente no hemos tenido ningún tipo de contacto, ¿y ahora se cree que estoy acogiendo a su hija en mi casa porque todavía guardo esperanzas de volver con ella?

O al menos eso es lo que parece después de que me haya estado ocultando intencionadamente que tiene pareja. Como si eso fuese algo en lo que yo tuviera voz o voto.

Si yo le he ofrecido mi piso a la niña no ha sido con segundas intenciones, ni con esperanza alguna de nada. Aquello está superado y más que superado. Ya he comentado en alguna ocasión que sigo sintiendo cariño por ellas, y es verdad. No voy a volver a repetir todo eso ahora, pero lo que sí está claro es que es agua pasada.

El problema, una vez más, vuelvo a ser yo. Soy tan especial, tan distinto y tan buena persona que la gente no se lo cree, y piensan que tengo algún motivo oculto para hacer lo que hago. Y no es así.

Si hay algo de lo que me pueda enorgullecer, es hacer casi siempre lo que me da la gana, sin tener en cuenta las opiniones ajenas, que sea algo “normal” o que los demás no lo entiendan o no lo hicieran. Voy a mi bola, y me rijo por mis propios principios.

En resumiendo, porque no me quiero enrollar mucho, si la niña está aquí es porque me da la gana y punto. Sin buscar más motivos.


No hay comentarios.: