jueves, 11 de junio de 2009

Mi autoestima y yo

Esta canción quiero dedicársela a mi autoestima.

Es curioso, he escuchado esta canción un montón de veces –una vez más se pone de manifiesto mi vagancia, al no ser capaz de renovar la música del mp3 que uso cuando voy a correr. Porque no sé si os he dicho que corro casi todos los días, y no os creáis, ¿eh? De cincuenta minutos a una hora, vamos, unos ocho kilómetros…-, la he escuchado, como decía antes, un montón de veces y de pronto descubres que habla de ti. Eso, o que tengo demasiada imaginación y un ego -sólo comparable a mi inteligencia, ingenio y, por qué no decirlo, mi enorme potencia sexual- que me hace creer que todas las canciones hablan de mí.

Como siempre digo en estos casos, no es que la canción refleje mi personalidad al 100%, pero sí coincide con algún aspecto de mi carácter. Uno de los poquísimos defectos que tengo, aparte de un exceso de modestia, es la falta de autoestima. Tiendo a infravalorarme, y eso se nota. Cedo demasiado ante los demás, dándole más importancia a sus opiniones o decisiones que a las mías. Eso hace que me muestre como alguien inferior, y la gente reacciona en consecuencia. Si tú mismo dices que la mercancía que intentas vender es mala, la gente va a pensar que es mala, y al revés.

Hay una película, Wishmaster, que cuenta la historia de un djinn, un genio como el de los cuentos, pero el original de la mitología oriental. Son unos hijos de puta que se dedican a conceder deseos, pero a su manera, y luego se quedan con tu alma. Por ejemplo, una dependienta de una tienda le dice que le gustaría ser joven y bella para siempre, y él la convierte en un maniquí.

Pero a lo que voy. El protagonista, el djinn, es un actor llamado Andrew Divoff. Lo que más me llamó la atención de él era la total y absoluta confianza en si mismo que transmitía. No sé si físicamente resultará atractivo a las mujeres, pero exudaba seguridad. Daba la impresión de ser una persona que podría hacer lo que quisiera, porque nadie se opondría. Con esto lo que quiero decir es que muchas veces es más importante tu actitud que tu importancia real. Si te comportas con seguridad y arrogancia, la gente tenderá a pensar que tienes motivos para hacerlo, y te tratarán en consonancia. Y al revés.

Esta seguridad es algo que siempre me ha faltado, y que intento solucionar. Por eso a veces resulta una pequeña ayuda canciones como esta, que tú reinterpretas y das el significado que quieres –como he hecho anteriormente en este blog-. Me da igual lo que Paulina Rubio tuviera en la cabeza cuando cantaba, o lo que quería transmitir el compositor. Yo lo cojo y lo adapto a una llamada de socorro de mi propia autoestima, de mi seguridad en mi mismo que, cansada de verme humillarme y ceder, intenta volver a situarme a la misma altura que cualquier otro, e incluso por encima de muchos. Porque sí, porque, como dice el anuncio, yo lo valgo.

martes, 9 de junio de 2009

Y vuelta la burra al trigo... otra vez

Mira que lo digo, que no quiero ser repetitivo, que quiero pensar en otras cosas, pero que queréis... Cada uno es como es, y en una hora corriendo tú solo por la playa al final acabas dándole vueltas a la cabeza a lo mismo.


No sé si es mejor terminar una relación de manera abrupta y desagradable, y no querer volver a ver más a esa persona, o quedar como amigos y no poder quitártela de la cabeza. Se dice que cuantos más amigos mejor, pero depende de a que precio.


A estas alturas ya tengo muy claro que aquella relación no funcionaba, y no pienso volver a caer de nuevo, pero eso no quita para que siga acordándome de ella, y la siga echando de menos. A menudo me sorprendo pensando en algún regalo o detalle, pero enseguida reacciono y lo desecho. No quiero convertirme en un proveedor.


Pero cuando lo pienso fríamente me doy cuenta de que no sigo enamorado de ella, sino del recuerdo idealizado que tengo de ella. Con el tiempo la memoria nos juega “malas pasadas”, y tendemos a edulcorar las vivencias. Olvidamos lo malo, nos centramos en lo agradable y así cualquier tiempo pasado nos parece mejor, que diría Karina. Por eso debemos ser constantes e incluso cabezotas, cuando tomamos una decisión después de tres o cuatro intentos. Dicen que lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. También influye el hecho de que actualmente no tengo ninguna relación. Bueno, ni actualmente, ni pasadamente, ni, a este paso, futuramente. Supongo que si hubiera alguien en mi vida, algo que no descarto totalmente pudiera suceder en un futuro más o menos –aunque más más que menos- lejano, eso contribuiría a olvidar a la otra persona. Pero el Universo odia el vacío, y tiende a llenarlo con lo que sea. Mientras halla un hueco en mi corazón, algo tendrá que rellenarlo. Y no lo digo yo, sino la Física.


En fin, tiempo al tiempo y distancia a la distancia. Lo que tengo clarísimo es que yo he dado todos los pasos posibles para continuar con una amistad que sinceramente no querría perder. Pese a todo, considero que ella es una gran persona, y me gustaría seguir considerándola mi amiga, pero ahora es a ella a quien le corresponde dar el paso de llamar y quedar. Que uno también tiene su poquito de amor propio…



(Aquí debería ir un vídeo, pero como no deja insertarlo pongo el enlace:


http://www.youtube.com/watch?v=qaNjpKa6wHo