domingo, 22 de marzo de 2009

Se acabó

Soy buena persona. Ya sé que está feo decirlo de uno mismo, pero es la pura verdad. Debido a esa tara en mi carácter se han aprovechado de mí bastante a menudo, y no descarto que sigan haciéndolo, aunque cada vez menos. Con los años y los palos hasta el animal mas tonto aprende y escarmienta.

Digo esto -me digo esto- para reafirmarme en mi decisión.

En la entrada anterior hacía referencia a mi falta de amigos. Quizás por eso he intentado mantener a los pocos que tenía a toda costa, incluso cerrando los ojos cuando veía que se aprovechaban de mí. Soy una persona a la que no le cuesta hacer favores. Si me pides algo que esté en mi mano seguramente lo tendrás, salvo que me perjudique a mí, claro está.

Aparte de lo anterirmente dicho, tengo -gracias, papá- un exacerbado sentido de la responsabilidad. Me cuesta horrores no entrometerme cuando veo a alguien cercano en apuros. Gracias al MVE lo voy superando poco a poco, y ya no me siento culpable cuando no echo una mano a todos los que lo necesitan. También ayudó un poco un libro de auto-ayuda, valga la redundancia: "Cuando digo NO me siento culpable". "Hombre, es normal querer ayudar a la gente que aprecias", dirá alguno. O lo dirían si alguien distinto a mí leyera este blog, cosa que es bastante improbable -tú no cuentas, Javi-. Y ese hipotético lector tendría razón. Una de los aspectos más destacables de vivir en manada es que los miembros de la misma se ayudan entre si. "Entre si", esa es la cuestión. En la mayoría de las sociedades, cuando uno de los miembros no colabora, sino que se dedica solamente a "chupar del bote", no tarda en ser expulsado de la misma. Para recibir, es requisito indispensable dar.

Yo soy una persona generosa. Sí, ya sé que no paro de echarme flores, pero es que no tengo a nadie que lo haga por mí. Soy una persona generosa, como decía, y como buen generoso no pido nada a cambio. Mi recompensa está en la satisfacción de los demás... casi siempre. Además de generoso también soy una persona humana -me encanta esa expresión- y como tal también necesito mi dosis de atención y cariño. Y es por eso por lo que, como dice el título de la entrada, se acabó.

Después de años de entrega, de dar sin recibir casi a cambio, de disculpar y perdonar he llegado a mi límite. Se lo había dicho muchas veces. Se lo había explicado. Le conté por qué me afectaba tanto, y aunque ella asentía mientras yo le hablaba, estaba en otro sitio. Nunca le pedí nada, ni mucho menos le exigí. Incluso ahora, cuando eramos solamente amigos, yo seguia echándole una mano en lo que podía. No me importa hacer favores, de hecho me gusta hacer favores. Y nunca pido nada a cambio, pero si tú me ofreces algo, espero que cumplas. Si tú me dices de quedar, espero que lo hagas porque te apetece, y no como obligación. Y si luego, por el motivo que sea, no puedes cumplir, basta con que lo digas.

Supongo que en parte la culpa es mia. La malacostumbré. Le di a entender que podía hacer lo que quisiera, que yo siempre estaría ahí para comprender y disculpar. Que yo no importaba. Que ella era la "reina del mambo". Y aunque nunca fue mi intención menospreciarme, es posible que lo hiciera sin darme cuenta. Con esto no me estoy auto-inculpando, simplemente intento comprender lo sucedido.

Pero bueno, las razones y motivos están ahora de más. Si fue culpa mia o es simplemente falta de educación por su parte es lo de menos. Esta entrada es únicamente para dejar claro que se acabó. Que la amistad es un dar y recibir, y sobre todo respetar. Respetar a la otra persona, sea tu pareja o tu amigo. Y que si alguien no te muestra ese respeto, no merece tu amistad. Así que espero que te vaya muy bien y... nos vemos, que es una forma educada de decir que no creemos que nos vayamos a ver más.


jueves, 19 de marzo de 2009

Intentando hacer amigos

Decía en mi “primera” entrada que convertí mi anterior blog en un lugar donde hacer amigos “virtuales”, a falta de otros de carne y hueso. Lo cierto es que resulta muy difícil para la gente como yo –tímidos crónicos- relacionarse con otras personas, o más bien, empezar a relacionarnos con otras personas.

No comprendo como la gente es capaz de mantener las amistades, salvo que permanezcan, tanto ellos como los demás, en el mismo sitio durante toda la vida. Pero cuando, como es mi caso, te trasladas varias veces, ¿cómo lo haces? Se puede mantener el contacto. Llamar por teléfono, escribir correos, incluso quedar alguna que otra vez, cuando vas por el pueblo. Pero ¿cómo llevas el día a día? ¿Qué haces los fines de semana? Y encima, al hecho de tener que empezar de nuevo –la confianza y la amistad no se fraguan en días- se añade el factor “edad”. Dicen que cada vez hay más “singles” o, como se dice en español, solteros. Cada vez son más las personas que “deciden” vivir solas, sin pareja. Sin embargo en mi entorno casi todos están casados o en “tramite de”. Cuando te metes en los cuarenta, encontrar gente como tú, solteros o separados sin críos, es cada vez más difícil.

El otro factor a tener en cuenta es que normalmente la gente tiene ya su grupo de amigos, y si bien tú por cuestión de trabajo ya tienes una relación con esa persona y decides salir con ella, ahora tienes que integrarte en el grupo.

Lo más probable es que esto no sean más que excusas, como siempre. Una razón para seguir escondido en mi casa, sin salir más que para comprar. Cuando era joven y vivía en casa de mis padres me gustaba quedarme en la salita, con la puerta cerrada e intentando aislarme del resto de la casa. En cierta ocasión mi padre me expresó su preocupación –a su manera, como siempre-, diciéndome que aquello no era normal, y que terminaría encerrándome en un armario. Bueno, no he llegado a ese extremo, pero casi…

Lo curios del caso es que yo creo que quiero relacionarme. Sinceramente pienso que quiero conocer gente y salir a tomar copas, charlar, ir al cine. Hacer esas cosas que se supone que hace la gente normal. Pero no sé como. No sé como encontrar gente que esté en mi situación. Tampoco es un requisito indispensable que estén igual de solos que yo. No me importaría salir con un grupo ya formado, aunque tarde un poco más en coger confianza. Mi problema no es confraternizar, mi problema es romper el hielo. No sé como empezar. Luego, cuando ya está la cosa en marcha, me desenvuelvo bien. Tengo un buen concepto de mi mismo, aunque esté mal decirlo, y tengo un trato muy agradable. La pega está, como he dicho, en establecer el primer contacto.

Y en eso estamos. Inscribiéndonos en páginas de contactos, buscando gente que busque gente, valga la redundancia, para formar grupos y salir. Buscando cursos, talleres y similares para conocer gente, etc. Sólo espero no aburrirme demasiado pronto –otra vez- y perseverar hasta conseguir algo. Ahora no quiero una relación sentimental, solamente conocer gente y salir este aislamiento social que yo mismo me estoy imponiendo.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Volver a empezar

La verdad es que no sé muy bien como empezar –o mejor dicho, retomar- este blog. Después de tener el otro bastante avanzado y con algunas entradas, comenzar de nuevo se hace raro. Pero creo que es lo mejor. De este modo empezare nuevamente desde el principio, intentando evitar los errores cometidos en el antiguo –como lo de decirle a la gente que tienes cerca que estás escribiendo en un blog-. Sé que voy a perder los escasos lectores que tenía, pero también se trata de eso, de empezar donde nadie te conoce. Donde puedes expresarte con libertad y sin preocuparte de que pensaran los que te lean.


Cuando abrí el otro blog, dije que quería que aquello fuera una especie de diario. Un sitio donde colgar impresiones, pensamientos –a menudo erráticos y dispersos- y donde poder desahogarme. Mi intención era colgar alguna que otra historietilla, algún chascarrillo, pero sin ánimo de ser leído. Era para mi uso personal. Pero como un Doctor Frankenstein cualquiera terminé perdiendo el control sobre mi criatura.


Al empezar a moverme por otros blogs y ver los comentarios que dejaban los lectores sentí envidia. Yo también quería que la gente me leyera. Quería convertir mi espacio en una especie de foro, donde la gente dejara comentarios, no solamente sobre la entrada en particular, sino sobre cualquier cosa. Cuando me di cuenta, estaba intentando hacer “amigos virtuales”, a falta de otros de carne y hueso, y para eso tuve que sacrificar el fin primigenio del blog. De ser un lugar donde soltar ideas y pensamientos incoherentes pasó a ser una especie de magacín donde colgar historias, cuentos y anécdotas, algunas simpáticas, otras emotivas. De vez en cuando “publicaba” alguna reflexión, de esas de las originales, pero al final pudo más el ansia de comentarios que las ganas de desahogarme. Intenté darle al “público” aquello que yo creía que querían.


Además, se corrió la voz y empezó llegar gente conocida, por lo que tuve que empezar a medir lo que decía, no porque fuera a decir algo malo sobre ellos, no es mi estilo, sino porque no quería dar demasiada información sobre mí. Aun así, desnudé mi alma más de lo que era aconsejable. Eso se acabó. Este espacio que estoy creando será aquello para lo que fue concebido. Mi propio desierto donde poder gritar a gusto, sin preocuparme de si alguien me escucha o no.



He dicho.