sábado, 5 de septiembre de 2009
"Yo soy el que soy", Exodo 3:14
Me doy cuenta de que hace ya tiempo que no actualizo, y que además no os he contado mi segunda experiencia con los “singles” de Cádiz, así que empecemos por el principio.
Tras mi fallido primer intento de contactar con otras formas de vida basadas en el carbono y (supuestamente) inteligentes, decidí darme una nueva oportunidad. Esta vez tomé nota del teléfono de una de las “miembras” –gracias, Sra. Ministra, por estos impagables aportes a la lengua castellana- para evitar el fiasco anterior. Contacté vía página web con ellos para avisarles de mi incorporación al grupo y una vez en Cádiz no me la jugué, llamé y conseguí identificar al grupo, o más bien mini-grupo porque conmigo éramos cinco –aquí viene la rima fácil-. El grupo lo constituíamos tres mujeres y dos hombres. Edad media más de cuarenta –yo el más joven-, y todos divorciados, menos yo.
Lo primero fue ir a tomar algo, misión difícil porque se estaba ¿celebrando? en Cádiz un “mercado medieval, o lo que es lo mismo, cuatro tenderetes con baratijas, especies para infusiones, chocolate y un tipo estafando a los pobres padres despistados que habían acudido con sus hijos, a los que ofrecía paseos en pony, y la zona estaba bastante concurrida. Tras dar varias vueltas conseguimos una mesa en un bar, donde nos sirvieron algo parecido a la cerveza –pa’ mí que era una “clara” o cerveza con casera blanca. O eso o es la peor cerveza que he tomado nunca-.
Tras unos minutos la conversación derivó al tema preferido de cualquier separado/divorciado, dicho esto con la mayor ironía posible: los ex. Aquí pude participar poco, dado mi estado civil de soltería irredenta. Luego el tema cambió, que si Cuba, que si los hijos, que si otros viajes, etc. El otro miembro masculino del grupo nos puso al corriente de su vida, obra y milagros, temas de los que tampoco pude opinar mucho, dado lo personal de los mismos.
Después de dar una vuelta por los tenderetes –versión medieval de “mirar escaparates”-, acabamos yendo a un local de copas donde, según dijo alguien, ponían música de los ochenta y noventa. Aquí tomé una copa y dado que tenía que conducir para volver a San Fernando usé esa excusa y me largué.
Sin entrar en mucho detalle, detalle que tampoco hay, decir que no, que la cosa no cuadró. No sé, simplemente no vi que tuviera nada en común con esa gente. Supongo que no tiene nada de extraño, en un grupo tan reducido lo raro hubiera sido encontrar a mi alma gemela, y más en Cádiz. Tú ya me entiendes, Leo.
Hay algo que… no sé. Otra de las pegas de la reunión fue que los encontré demasiado mayores para mí. Quizás el problema esté también en que yo no asumo mi edad. Tengo cuarenta años, pero no me identifico con mi generación. O a lo mejor es que no he encontrado gente de mi edad parecidos a mí.
Pero esto pasó hace unas tres semanas, y ayer fue ayer.
Hace un par de días, un compañero me informó de una fiesta en Jerez. La organizaba otro club de “singles” y se celebraba en una bodega. El precio era 25 euros e incluía entremeses y tres consumiciones. Edad mínima 35 años. El asunto me interesó y tras varias vacilaciones me decidí a efectuar la reserva. Cuando le dije al tipo que me atendió que iría solo me comentó que había muchísima gente que iría así, y que ya había cerca de cuatrocientas reservas hechas.
Debo admitir que tenía mis dudas. Me daba miedo hacer el imbécil otra vez. No es que fuera a hacer el ridículo, tengo demasiado sentido del ídem para hacer tonterías, sino que temía que una vez en el sarao me limitaría a picar algo, tomar una o dos copas –otra vez la carretera- y permanecer en un rincón sin hablar con nadie. Al final me armé de valor y, como ya he dicho, hice la reserva.
Y así el viernes me vestí para la ocasión -incluso me duché, no creáis-, me perfumé y, tras dar vueltas por las cercanías durante una media hora –el sentido de la orientación no es mi fuerte- me presenté en la bodega.
Como me gusta actuar sobre seguro, o al menos con el mayor conocimiento posible, dediqué diez o quince minutos a simular esperar a alguien antes de entrar. De este modo podía ver que tipo de gente acudía a la fiesta y ver que ambiente me iba a encontrar.
Transcurrido ese tiempo prudencial y ya sabiendo lo que había, di media vuelta, cogí el coche y regresé a mi casa.
No sé quien mintió, si quien contestó al teléfono y me dijo que había mucha gente sola, o los que llamaron para decir que irían solos, pero todos los que llegaban a la bodega iban en grupo, y me dí cuenta de que si entraba iba a ocurrir lo que me había imaginado. Era, precisamente, el creer que habría más gente en mi situación lo que me había animado a acudir. Si coges a cincuenta desconocidos y los metes juntos en una habitación, más tarde o más temprano empezarán a hablar entre ellos, pero si metes a cinco conocidos y cuarenta y cinco extraños, los cinco formaran un grupo y el resto mirará sin participar.
Ya sé que esto es un poco exagerado. Hay muchísima gente que no tiene problemas en relacionarse y hablar con cualquiera, pero también hay muchos como yo que somos incapaces de hacerlo. Si hay algo que me corta aún más que hablar con un desconocido es acercarme a un grupo ya formado.
Pero todo esto me ha dejado algo claro, y de ahí el título de la entrada: Yo soy como soy.
Soy un solitario. Es mi forma de ser y eso no va a cambiar. Me he dado cuenta de que no se trata de una mera cuestión de carácter. No es como decir “No me gusta correr”. Efectivamente no me gusta correr, pero hago el esfuerzo y salgo casi todas las mañanas, pero esto es diferente. Es más como el vértigo o las fobias, es un miedo irracional. La timidez, o al menos la timidez patológica, como es mi caso, no se supera tan fácilmente. No es cuestión de echarle cojones y pa’lante. Cuando lo intentas, todo tu ser se rebela y te incapacita. En cierto modo me ha recordado a cuando intenté saltar en paracaídas. Subí a la avioneta, me enganché al cable, me situé en la puerta… y me rajé. Pensé que nadie me obligaba a hacer aquello, y francamente no quería hacerlo, así que volví a mi sitio y tome tierra de un modo más natural. Por supuesto que en aquel momento me jodió que mi hermana pequeña sí saltara, pero luego pensé que ella no padecía miedo a las alturas, como he podido comprobar que es mi caso. Aquí ha pasado lo mismo. Si una situación, como es dirigirme a desconocidos, me provoca angustia, ¿por qué tengo que hacerlo?
Es posible, por no decir seguro, que mi vida es bastante aburrida. Del trabajo a casa y de casa al trabajo, con alguna salida más que ocasional. Pero es mi vida, y a mí no me agobia. He intentado adaptarme al estándar. Cumplir la norma, entendiendo por norma lo que es “normal”, es decir, lo que hace la mayoría. He intentado negar mi propia individualidad y mi derecho a ser diferente pero se acabó.
¿Qué soy un asocial, un bicho raro? Po’ fueno… Po’ fale… Po m’alegro
La otra opción es convertirme en un misántropo, porque cuando vuelvo de uno de estos intentos lo hago cabreado y cagándome en todo.
Así que lo tengo claro. Soy una persona solitaria, y no me importa. No hecho en falta nada ni a nadie. Estoy a gusto solo. No me agobio por no salir los fines de semana o por no hablar con nadie fuera del trabajo. Es mi vida y la vivo como quiero.
Eso no quita que si en algún momento surge algo, y no me refiero a una relación sentimental, sino simplemente amistosa, la vaya a rechazar, pero desde luego lo que no pienso volver a hacer es forzar la situación.
sábado, 15 de agosto de 2009
Mi primera vez
Pues como prometí en la entrada anterior, voy a contaros mi primera experiencia con el grupo de SinglesCádiz.
Habíamos quedado de 22:00 a 22:30 en una plaza de Cádiz, lugar donde se reúne un grupo habitual todos los viernes. A las 22:05 aproximadamente me dirigí a ese lugar, no queriendo llegar ni el primero ni el último. A las 22:25 salía del aparcamiento subterráneo que hay justo en esa misma plaza y empecé a buscar a la gente. A las 22:45 se me hincharon los cojones, dejé de buscar, cogí el coche y me volví a mi casa. Fin de la salida.
No voy a culpar a nadie del fracaso de esta primera tentativa. Lo lógico por mi parte hubiera sido pedir en el foro que concretasen un poco, pero imaginaba que un grupo de personas de más o menos mi edad sería fácil de reconocer. Con lo que yo no contaba es que estamos en pleno mes de agosto, que Cádiz sigue siendo un destino turístico y que en la plaza hay varios locales con terraza. Coño, es que todos los grupos que veía o tenían niños, o eran parejas, o había personas mayores –y cuando digo “mayores” quiero decir “MAYORES”-. Además, no veía ninguna mesa con “mucha” gente, lo cual me lleva a pensar que no se reúnen tantos como yo creía. Esto último no me importa mucho, la verdad. No me gustan los grupos demasiado numerosos, me siento un poco perdido. Pero es que no había ningún indicio de cual era la mesa que yo buscaba, y el ir preguntando de una en una si eran los “solitarios de Cádiz” no me parecía demasiado apropiado.
Pero no pasa nada. Anoche, mientras regresaba a mi oscuro, solitario y frío piso –“frío” por los cojones, casi 30º anoche-, iba jurando en arameo, mandándolos a todos a la mierda y haciendo promesa de no volver a pisar esa página. Es lo que tengo, si quieres hacerme daño no tienes más que ilusionarme un poquito y luego dejarme tirado. Con eso tienes asegurado un buen rato de disgusto. Incluso pensé en ir a tomarme unas copas yo solo, pero me di cuenta que eso no haría más que empeorar mi estado de ánimo. También se me pasó por la cabeza escribir esta entrada, pero tras beberme una cerveza y enfriarme un poquito decidí consultarlo con la almohada, y me alegro de haberlo hecho. Viéndolo ahora, más calmado, no puedo culparlos de nada. Ellos ya se han reunido otras veces y saben donde es. Incluso una de las “miembras” como diría nuestra flamante Ministra de Cultura, había dejado su teléfono en un comentario, tonto de mí que me confié demasiado, otra vez, en poder reconocerlos sin haberlos visto nunca.
Pero ya está. He dejado un comentario pidiendo que especifiquen un poco más, y daremos otra oportunidad al grupo. Una de las pocas virtudes que tengo es saber reconocer cuando tengo la culpa, y en este caso ha sido mía. A ver si el próximo viernes sale mejor la cosa.
viernes, 14 de agosto de 2009
La vuelta al "cole"
Pues esta vez tengo un par de cositas que comentar.
Lo primero es decir que tengo más claro lo de hacer el acceso a la Universidad para mayores de 25 años, pero lo que no es tan seguro es que vaya a estudiar después una carrera. Aunque me veo perfectamente capaz de aprobar el examen de acceso, la carrera es harina de otro costal, como se decía antiguamente. No obstante, la misma prueba de acceso me facultaría para acceder, valga la redundancia, a un modulo formativo de grado superior, y eso sí lo veo más acorde, no a mis capacidades, que las tengo sobradas, sino a mi carácter. Pensar en dedicar horas y horas y noches y noches a los estudios universitarios… no sé. No lo acabo de ver muy claro. Me conozco bien y sé que me cansaría enseguida. No me van los esfuerzos.
Pero lo de hacer un par de años, y además mucho más prácticos que la carrera, eso ya es otra cosa.
Por supuesto me estoy refiriendo siempre a estudiar Informática, único tema en el que tengo algo de interés. Bueno, en el caso de la carrera también me atrae la Psicología, pero no hasta el punto de dedicar seis o siete años a sacarla. Cuando llegue septiembre me informaré a fondo sobre el tema, y como tengo derecho a beca, no perderé gran cosa, aparte del tiempo. Y ese es un bien que poseo en abundancia y muy barato.
La segunda cosa es que esta noche me estreno. No es que vaya a estrenarme sexualmente, salvo que la virginidad masculina vuelva a crecer si se practica la abstinencia lo suficiente; y aunque fuera ese el caso, no estoy hablando de que vaya a mantener esta noche relaciones sexuales, sino que me reúno por primera vez con la gente de SingleCádiz, un grupo, como su propio nombre indica, de solteros, “separatas”, divorciados, etc. Le daría las gracias a Teresa por recomendarme la página, pero mejor esperamos a esta noche a ver que pasa.
Como ya he dicho otras veces, ahora mismo lo único que busco es amistad. Gente con la que quedar, como esta noche, y charlar mientras tomas unas copas. Salir un poco de mi casa y relacionarme. No busco, aunque tampoco me cierro en banda, otra cosa, así que soy fácil de contentar. Cuanto más bajas sean tus expectativas, más fácil será que se vean colmadas.
Así que ya os contaré como ha ido la cosa.
sábado, 1 de agosto de 2009
El Camino de Santiago
Querido diario:
Ha pasado bastante tiempo desde la última entrada, pero ya sabes que mi vida es bastante aburrida. Ahora que he vuelto de Santiago de Compostela sí tengo algo que escribir. No voy a repetir aquí lo que escribí en el otro blog, simplemente voy a explayarme un poco sobre por qué ha sido un fracaso. En tres palabras: por mi culpa.
Quizás influyó también una información “defectuosa”. Todo el mundo dice que es muy fácil hacer amistades en el camino, y eso debe ser verdad, pero para la gente normal; para la gente que no tiene dificultad en relacionarse. Cuando uno es un asocial, tímido crónico e incapaz de hablar con un desconocido, el hecho de ser un “peregrino” no cambia nada.
Yo esperaba, iluso de mí, que al ir solo me sería más fácil hablar con otros peregrinos que también fuesen en solitario. Incluso esperaba acoplarme a algún grupito poco numeroso de gente de mi quinta, pero no. Para empezar, eran muy pocos los viajeros que iban solos como yo, y los poquitos que había eran extranjeros y mayores, salvo raras excepciones. También me encontré con poca gente de mi edad. O eran muy jóvenes o muy mayores, y en ambos casos grupos de amigos que hacían el camino juntos.
Por otra parte, mi “instinto de macho” me empujaba a acercarme a las chicas, y más si eran atractivas –a estas alturas todas me parecen atractivas-, pero no me gusta parecer un “ligón”, así que me contenía, apretaba el paso y continuaba la marcha. Otro handicap más.
En resumen, la culpa de este fiasco ha sido mía y solamente mía. No debo culpar a nadie por mi incapacidad para relacionarme.
Hay una segunda lectura de esta experiencia. Diez días andando y pensando –no me gusta usar el Mp3 salvo cuando voy a correr- dan para reflexionar bastante. Estoy a punto de cumplir cuarenta años, aunque no los aparento. Casi no tengo amigos, y no mojo desde hace ya… bueno, mejor no “meneallo”. Cada vez veo más difícil encontrar pareja, y cuanto más tiempo pasa más me acostumbro a estar solo. Por una parte lo tengo más que asumido, y no me preocupa mucho. Ya se sabe que “órgano” que no se utiliza se atrofia, y lo mismo parece que ocurre con los sentimientos. Pero por otra parte me gustaría tener un poco más de vida social. Los fines de semana que me paso en mi casa no resultan agobiantes, pero echo en falta salir, dar una vuelta, hablar con alguien. Los días que pasé acompañado durante la peregrinación fueron los mejores del viaje. A pesar de la diferencia de edad y de intereses con Jose, uno de los sevillanos, lo pasamos bien hablando. Comprobé, una vez más, que soy una buena compañía, aunque me esté mal el decirlo. Entonces, ¿por qué me cuesta tanto relacionarme?
Joder, ¿por qué me resulta tan difícil romper el hielo y dar el primer paso? Creo que voy a darme otra oportunidad. Buscaré de nuevo alguna actividad que me permita conocer a otras personas, y a ver que pasa. Quizás me decida por el acceso a la universidad para mayores de 25 años. En ese ambiente es seguro que habrá gente de mi edad e intereses. En fin, probaremos. Al fin y al cabo, lo más que puedo perder son unos cuantos euros.
jueves, 11 de junio de 2009
Mi autoestima y yo
Es curioso, he escuchado esta canción un montón de veces –una vez más se pone de manifiesto mi vagancia, al no ser capaz de renovar la música del mp3 que uso cuando voy a correr. Porque no sé si os he dicho que corro casi todos los días, y no os creáis, ¿eh? De cincuenta minutos a una hora, vamos, unos ocho kilómetros…-, la he escuchado, como decía antes, un montón de veces y de pronto descubres que habla de ti. Eso, o que tengo demasiada imaginación y un ego -sólo comparable a mi inteligencia, ingenio y, por qué no decirlo, mi enorme potencia sexual- que me hace creer que todas las canciones hablan de mí.
Como siempre digo en estos casos, no es que la canción refleje mi personalidad al 100%, pero sí coincide con algún aspecto de mi carácter. Uno de los poquísimos defectos que tengo, aparte de un exceso de modestia, es la falta de autoestima. Tiendo a infravalorarme, y eso se nota. Cedo demasiado ante los demás, dándole más importancia a sus opiniones o decisiones que a las mías. Eso hace que me muestre como alguien inferior, y la gente reacciona en consecuencia. Si tú mismo dices que la mercancía que intentas vender es mala, la gente va a pensar que es mala, y al revés.
Hay una película, Wishmaster, que cuenta la historia de un djinn, un genio como el de los cuentos, pero el original de la mitología oriental. Son unos hijos de puta que se dedican a conceder deseos, pero a su manera, y luego se quedan con tu alma. Por ejemplo, una dependienta de una tienda le dice que le gustaría ser joven y bella para siempre, y él la convierte en un maniquí.
Pero a lo que voy. El protagonista, el djinn, es un actor llamado Andrew Divoff. Lo que más me llamó la atención de él era la total y absoluta confianza en si mismo que transmitía. No sé si físicamente resultará atractivo a las mujeres, pero exudaba seguridad. Daba la impresión de ser una persona que podría hacer lo que quisiera, porque nadie se opondría. Con esto lo que quiero decir es que muchas veces es más importante tu actitud que tu importancia real. Si te comportas con seguridad y arrogancia, la gente tenderá a pensar que tienes motivos para hacerlo, y te tratarán en consonancia. Y al revés.
Esta seguridad es algo que siempre me ha faltado, y que intento solucionar. Por eso a veces resulta una pequeña ayuda canciones como esta, que tú reinterpretas y das el significado que quieres –como he hecho anteriormente en este blog-. Me da igual lo que Paulina Rubio tuviera en la cabeza cuando cantaba, o lo que quería transmitir el compositor. Yo lo cojo y lo adapto a una llamada de socorro de mi propia autoestima, de mi seguridad en mi mismo que, cansada de verme humillarme y ceder, intenta volver a situarme a la misma altura que cualquier otro, e incluso por encima de muchos. Porque sí, porque, como dice el anuncio, yo lo valgo.
martes, 9 de junio de 2009
Y vuelta la burra al trigo... otra vez
Mira que lo digo, que no quiero ser repetitivo, que quiero pensar en otras cosas, pero que queréis... Cada uno es como es, y en una hora corriendo tú solo por la playa al final acabas dándole vueltas a la cabeza a lo mismo.
No sé si es mejor terminar una relación de manera abrupta y desagradable, y no querer volver a ver más a esa persona, o quedar como amigos y no poder quitártela de la cabeza. Se dice que cuantos más amigos mejor, pero depende de a que precio.
A estas alturas ya tengo muy claro que aquella relación no funcionaba, y no pienso volver a caer de nuevo, pero eso no quita para que siga acordándome de ella, y la siga echando de menos. A menudo me sorprendo pensando en algún regalo o detalle, pero enseguida reacciono y lo desecho. No quiero convertirme en un proveedor.
Pero cuando lo pienso fríamente me doy cuenta de que no sigo enamorado de ella, sino del recuerdo idealizado que tengo de ella. Con el tiempo la memoria nos juega “malas pasadas”, y tendemos a edulcorar las vivencias. Olvidamos lo malo, nos centramos en lo agradable y así cualquier tiempo pasado nos parece mejor, que diría Karina. Por eso debemos ser constantes e incluso cabezotas, cuando tomamos una decisión después de tres o cuatro intentos. Dicen que lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. También influye el hecho de que actualmente no tengo ninguna relación. Bueno, ni actualmente, ni pasadamente, ni, a este paso, futuramente. Supongo que si hubiera alguien en mi vida, algo que no descarto totalmente pudiera suceder en un futuro más o menos –aunque más más que menos- lejano, eso contribuiría a olvidar a la otra persona. Pero el Universo odia el vacío, y tiende a llenarlo con lo que sea. Mientras halla un hueco en mi corazón, algo tendrá que rellenarlo. Y no lo digo yo, sino
En fin, tiempo al tiempo y distancia a la distancia. Lo que tengo clarísimo es que yo he dado todos los pasos posibles para continuar con una amistad que sinceramente no querría perder. Pese a todo, considero que ella es una gran persona, y me gustaría seguir considerándola mi amiga, pero ahora es a ella a quien le corresponde dar el paso de llamar y quedar. Que uno también tiene su poquito de amor propio…
jueves, 28 de mayo de 2009
Una vida muy tranquila
Lo malo –o lo bueno, según se mire- es que no me está pasando nada. Mi vida está bastante tranquila y aparte de tener un poco de suerte en el trabajo –creo que no voy a entrar de servicio hasta después del verano-, no hay nada destacable.
Mañana tengo el primer cumpleaños de mi sobrina, y sus padres quieren celebrarlo con la familia, así que habrá que cumplir, aunque sea lo mínimo.
P.D.
Sigo adelante con mi intención de hacer parte del Camino de Santiago en julio.
P.D. 2
Para no variar, aquí os dejo un vídeo con un fragmento de "Carmina Burana" de Carl Orff, una de las mejores composiciones de la historia.
Y aquí la versión friki...
martes, 26 de mayo de 2009
Un tanguillo
Iba a publicar algo sobre la campaña y las elecciones europeas, pero me da una pereza…
En fin, para que se vea que no abandono el blog aquí dejo un vídeo de Manolo Escobar. Esta canción me encanta y me harto de reír escuchándola.
viernes, 22 de mayo de 2009
Pero hoy no... mañana
Mientras tanto, aquí os dejo un vídeo de una de mis canciones favoritas.
lunes, 18 de mayo de 2009
Poco que contar
Es curioso, pero todo aquel al que se lo he comentado le ha parecido muy bien, e incluso me han comentado algunos su intención de hacerlo, o me han hablado de otros que ya lo han hecho. Se ve que es mucho más popular de lo que yo creía.
Y para no variar, aquí dejo un vídeo de Mago de Oz, que también son gallegos.
martes, 12 de mayo de 2009
Me encanta el tema de las “ideas encadenadas”. Ya sabéis, eso de que a partir de una idea, una imagen o una palabra llegas a otra que no tiene nada que ver. Bueno, en este caso el resultado final no ha sido tan distinto del inicio, pero el resultado ha sido mejor de lo esperado.
El otro día comentaba con un amigo que quería empezar a hacer algo. Esto de pasar los días y los fines de semana encerrado en mi casa no puede ser bueno. Y aprovechando que acabo de comprarme un coche, y que es diesel, decidí empezar a hacer viajes. Nada espectacular, al menos al principio. Trayectos de fin de semana. Dormir un o dos días fuera. Recorrer España, pero sin pasarse, al menos hasta las vacaciones. Este amigo se ofreció a prestarme unos libros-guías para ahorrarme viajes en balde. Con estos libros, sabes a donde ir, lo que merece la pena ver, y cuantos días tardarás en hacerlo.
La idea me gustó, y al poco se lo comentaba a mi hermano, quien remató la faena al preguntarme: “Si quieres viajar, ¿por qué no haces “El camino de Santiago”?”. Y ahí caí.
Hace algún tiempo me lo planteé, pero al final me rajé, no sé muy bien por qué. Quizás sea verdad, y por eso me declaro “escéptico pero menos”, que hay algo por ahí. Algo que dice cuando es conveniente y cuando no, aunque lo más probable es que de haber hecho el viaje en su momento también hubiese salido bien. Da igual. Puestos a elegir me quedo con la primera explicación, aunque sea simplemente porque es más poética.
En resumiendo, que si la autoridad lo permite, y el tiempo acompaña, este verano –no tengo fecha exacta- es posible que me vea pegando zapatazos por “el camino Francés”, con mi vieira colgando de la mochila, y dispuesto a darle los tres cabezazos de rigor a la columna de marras.
Todo el que ha hecho el camino dice que es una experiencia única, y aunque no creo en la mística, si creo en las personas, que son quienes hacen de esta peregrinación algo repetible. Aconsejadamente repetible.
P.D.
Iba a poner un vídeo con "Camiño de Santiago", pero esta canción me ha gustado mucho más.
sábado, 9 de mayo de 2009
Blues Brothers
Cuando la vi por primera vez tendría unos catorce o quince años, y fue toda una revelación. A ver, cuando eres un chaval, una película en la que hay persecuciones con más de treinta o cuarenta coches implicados, la mayoría de los cuales acaba destrozado, hay humor, hay tiros, hay policias a punta pala, incluso el Ejercito partipa en la detención de los fugitivos, cuando una película, como digo, tiene todo eso, para ti es bastante. Pero si encima le añades una banda sonora con un tipo de música que no habías escuchado nunca, y que te marca para toda la vida, entonces es TU película.
Realmente el argumento es una excusa para encadenar canciones. Es un musical, pero a diferencia de otros -como "El Mago de Oz", por ejemplo- es apto para casi todos los públicos. El elenco de artistas que "camean" es magistral: James Brown, Aretha Franklin, Ray Charles, etc.
Pero como una imagen -y una canción aún más- valen más que cien mil palabras, aquí os dejo el trailer de la película.
P.D.
Para los más viejos -la gente de mi edad-, ¿quien no estaba enamorado de la princesa Leia, de "La guerra de las galaxias"?... ;-)
P.D. 2
Destacar que Quentin Tarantino se inspiró en el vestuario de los Blues Brothers para su película "Reservoir Dog".
jueves, 7 de mayo de 2009
Negación, ira, negociación, depresión y aceptación
Querido diario:
Observé los primeros síntomas hace algún tiempo, pero no le dí importancia. Creí que se trataba de otra cosa, pero no. Definitivamente no. ¡Dios! Con la de gente que he visto caer víctima de este “virus”, y no he sido capaz de evitar mi propia infección.
No diré que me reía de los “enfermos” que descubría, pero sí pensaba que yo estaba por encima de esas cosas. Yo era demasiado inteligente, demasiado fuerte, para caer. Yo estaba por encima de esas tonterías… Yo era demasiado soberbio, prepotente y tonto al creerme mejor que los demás.
Y ahora ya me ves. Soy uno más, o casi. Todavía me quedan algunas fuerzas, pero sobre todo, me queda dignidad. No alcanzaré la fase terminal. Me niego.
Lo que quiero decir con todo esto, es que definitivamente he caído víctima de “la crisis de los cuarenta”.
Ya he comentado anteriormente que desde hace algún tiempo he empezado a cuidarme. Ejercicio, comida sana, higiene personal –incluida la dental-, coche nuevo, etc. He intentado engañarme a mí mismo diciéndome que el ejercicio y la comida eran por salud, al igual que lo de los dientes. Que el coche viejo estaba demasiado mal, y ya no aguantaba más. Incluso lo de la depilación, porque me crecen mucho las cejas… Pero es falso. La prueba definitiva ha sido cuando me he descubierto dejándome el pelo un poco más largo, y llevándome un cepillo al trabajo, para poder peinarme. ¡Yo, que siempre he llevado el pelo cortado casi “al cepillo”!
La verdad, la pura y dura verdad, es que me ha llegado ese momento en la vida de un hombre en que te ves en la mitad de tu vida, y emprendes una histérica y alocada huida hacia ninguna parte, intentando escapar de lo inevitable: la madurez. Al menos, como he dicho antes, me queda el suficiente sentido común como para no hacer el ridículo intentando ligar con dieciochoañeras en las discotecas…
domingo, 3 de mayo de 2009
Una oración
Cuando estés orinando, eleva tus ojos al cielo con humildad y recita con fervor:
"San Cayetano, San Cayetano,
que nunca tenga en el culo,
lo que ahora tengo en la mano..."
viernes, 1 de mayo de 2009
Joder, cómo pasa el tiempo, si estamos ya a viernes...
...
Por ejemplo podría hablar de...
O si no de...
Nada, macho, que no se me ocurre nada hoy. Pues mira, el recurso fácil. Colgamos un vídeo y a tomar por saco. Mañana será otro día.
miércoles, 29 de abril de 2009
Y vuelta la burra al trigo...
Lo malo de los sentimientos es que no se pueden controlar. Uno no elige lo que siente, sea amor, simpatía o rechazo hacia otras personas. Quien crea lo contrario se engaña a si mismo. Podemos imponernos a ellos. Podemos aplastarlos y sofocarlos bajo el peso de la razón. Podemos fingir que no están ahí, e incluso aparentar sentimientos totalmente distintos, pero en cuanto bajamos la guardia vuelven a resurgir, recordándonos que el hombre es un animal visceral, sin control sobre su propio corazón. Cierto que lo normal es que cada resurgimiento sea, afortunadamente, más débil que el anterior, pero aún así, nos vemos obligados a luchar contra ellos para poder imponer la razón.
Muchas veces, este “resurgimiento” viene motivado por una canción o escena romántica, o por canciones o situaciones que te traen recuerdos, por estar asociadas a momentos especiales, y te hacen añorar tiempos pasados. Pero también hay canciones o películas que tienen el efecto contrario, te ayudan a darte cuenta de los errores cometidos y te ofrecen las palabras justas para superar el pasado.
No voy a caer a estas alturas en la trampa de identificarme con una canción. Cuando uno peina canas -si no en los huevos, al menos sí en el pecho-, acostumbra a estar muy escarmentado, y a no fiarse ni de su padre. Aún así, hay canciones que al escucharlas no puedes evitar pensar que están compuestas para ti. O al menos, para tu “yo” de ese momento. Ésta es una de esas canciones y aunque ya la conocía de antes, es ahora cuando ha adquirido un sentido especial. No estoy seguro de cual era la intención del compositor, ya que la letra resulta un poquito ambigua. La persona que montó el vídeo también usó imágenes con un significado… indeciso. Pero sé cómo la interpreto yo, y lo que significa para mí una frase en concreto:
“Sólo me queda la esperanza, que como el viento al humo, te apartes tú de mí”
Porque eso es lo que yo espero. Si no puedo luchar contra mis sentimientos desde la razón, dejaré que sea el tiempo el que se encargue de ellos, pero para que eso suceda, mantener la distancia es imprescindible.
martes, 28 de abril de 2009
Para no dejarlo
Llevo ya algún tiempo sin actualizar este blog, y aunque sé que nadie lo lee -aparte de mí, obviamente-, no quiero dejarlo abandonado como el otro.
Si lo pienso bien, es buena cosa eso de no tocarlo mucho. El retomar este blog fue para expresar aquello que me reconcomiera por dentro y no puedo contar a nadie, y si ahora no escribo es porque no hay nada que me reconcoma. De todas formas, y para tener algo en que entretenerme –el urólogo me ha dicho que deje descansar un poco el asunto, que cualquier día se me va a quedar en la mano, y nunca mejor dicho-, voy a tomarme esto como una especie de “diario”. Pienso escribir aquí las chorraditas que me pasen, en plan quinceañera cursi. Y cuando no tenga nada que contar, lo que será la mayoría de los días –mi vida es muy triste y aburrida- colgaré algún vídeo o pondré enlaces a páginas que considere interesantes. Cómo dice un amigo mío cuando llega lleno de arañazos: “El gato es mío y me lo follo cuando quiero…”.
Y para comenzar esta nueva etapa o enfoque, contar que ayer di un paso más en mi carrera de metrosexual/crisis de los cuarenta: ¡Me depilé las cejas en un centro de belleza! Y debo decir que fue una experiencia, cómo diría yo… agónica. Sí, esa es la palabra: “Agónica”. ¡Virgen Santísima, que dolor! No había llorado tanto ni cuando vi “Alatriste” en el cine. Yo estaba acostumbrado a depilarme el entrecejo con unas pinzas, así que cuando la chica me hizo la cera ahí, no me molesto tanto. Pero cuando empezó con las pinzas en el resto… Joder… Si eso era solamente depilarse, parir tiene que ser la hostia. Pero bueno, una vez empezado ya no cabe la vuelta atrás, así que habrá que seguir yendo.
¡Ah! Casi se me olvidaba. Tengo que pedir cita en la nueva clínica dental. Lo primero del todo es la limpieza de boca, que para eso tengo una o dos gratis al año, y luego preguntar por un tratamiento de blanqueamiento con luz fría o algo así.
Coche nuevo –porque acabo de cambiar de coche. Ahora tengo un C4, bueno, lo tendré en unos días-, depilación, carrera todos los días, régimen, blanqueamiento dental… Sí, definitivamente esto va ser la famosa “crisis de los cuarenta”…
domingo, 22 de marzo de 2009
Se acabó
Digo esto -me digo esto- para reafirmarme en mi decisión.
En la entrada anterior hacía referencia a mi falta de amigos. Quizás por eso he intentado mantener a los pocos que tenía a toda costa, incluso cerrando los ojos cuando veía que se aprovechaban de mí. Soy una persona a la que no le cuesta hacer favores. Si me pides algo que esté en mi mano seguramente lo tendrás, salvo que me perjudique a mí, claro está.
Aparte de lo anterirmente dicho, tengo -gracias, papá- un exacerbado sentido de la responsabilidad. Me cuesta horrores no entrometerme cuando veo a alguien cercano en apuros. Gracias al MVE lo voy superando poco a poco, y ya no me siento culpable cuando no echo una mano a todos los que lo necesitan. También ayudó un poco un libro de auto-ayuda, valga la redundancia: "Cuando digo NO me siento culpable". "Hombre, es normal querer ayudar a la gente que aprecias", dirá alguno. O lo dirían si alguien distinto a mí leyera este blog, cosa que es bastante improbable -tú no cuentas, Javi-. Y ese hipotético lector tendría razón. Una de los aspectos más destacables de vivir en manada es que los miembros de la misma se ayudan entre si. "Entre si", esa es la cuestión. En la mayoría de las sociedades, cuando uno de los miembros no colabora, sino que se dedica solamente a "chupar del bote", no tarda en ser expulsado de la misma. Para recibir, es requisito indispensable dar.
Yo soy una persona generosa. Sí, ya sé que no paro de echarme flores, pero es que no tengo a nadie que lo haga por mí. Soy una persona generosa, como decía, y como buen generoso no pido nada a cambio. Mi recompensa está en la satisfacción de los demás... casi siempre. Además de generoso también soy una persona humana -me encanta esa expresión- y como tal también necesito mi dosis de atención y cariño. Y es por eso por lo que, como dice el título de la entrada, se acabó.
Después de años de entrega, de dar sin recibir casi a cambio, de disculpar y perdonar he llegado a mi límite. Se lo había dicho muchas veces. Se lo había explicado. Le conté por qué me afectaba tanto, y aunque ella asentía mientras yo le hablaba, estaba en otro sitio. Nunca le pedí nada, ni mucho menos le exigí. Incluso ahora, cuando eramos solamente amigos, yo seguia echándole una mano en lo que podía. No me importa hacer favores, de hecho me gusta hacer favores. Y nunca pido nada a cambio, pero si tú me ofreces algo, espero que cumplas. Si tú me dices de quedar, espero que lo hagas porque te apetece, y no como obligación. Y si luego, por el motivo que sea, no puedes cumplir, basta con que lo digas.
Supongo que en parte la culpa es mia. La malacostumbré. Le di a entender que podía hacer lo que quisiera, que yo siempre estaría ahí para comprender y disculpar. Que yo no importaba. Que ella era la "reina del mambo". Y aunque nunca fue mi intención menospreciarme, es posible que lo hiciera sin darme cuenta. Con esto no me estoy auto-inculpando, simplemente intento comprender lo sucedido.
Pero bueno, las razones y motivos están ahora de más. Si fue culpa mia o es simplemente falta de educación por su parte es lo de menos. Esta entrada es únicamente para dejar claro que se acabó. Que la amistad es un dar y recibir, y sobre todo respetar. Respetar a la otra persona, sea tu pareja o tu amigo. Y que si alguien no te muestra ese respeto, no merece tu amistad. Así que espero que te vaya muy bien y... nos vemos, que es una forma educada de decir que no creemos que nos vayamos a ver más.
jueves, 19 de marzo de 2009
Intentando hacer amigos
No comprendo como la gente es capaz de mantener las amistades, salvo que permanezcan, tanto ellos como los demás, en el mismo sitio durante toda la vida. Pero cuando, como es mi caso, te trasladas varias veces, ¿cómo lo haces? Se puede mantener el contacto. Llamar por teléfono, escribir correos, incluso quedar alguna que otra vez, cuando vas por el pueblo. Pero ¿cómo llevas el día a día? ¿Qué haces los fines de semana? Y encima, al hecho de tener que empezar de nuevo –la confianza y la amistad no se fraguan en días- se añade el factor “edad”. Dicen que cada vez hay más “singles” o, como se dice en español, solteros. Cada vez son más las personas que “deciden” vivir solas, sin pareja. Sin embargo en mi entorno casi todos están casados o en “tramite de”. Cuando te metes en los cuarenta, encontrar gente como tú, solteros o separados sin críos, es cada vez más difícil.
El otro factor a tener en cuenta es que normalmente la gente tiene ya su grupo de amigos, y si bien tú por cuestión de trabajo ya tienes una relación con esa persona y decides salir con ella, ahora tienes que integrarte en el grupo.
Lo más probable es que esto no sean más que excusas, como siempre. Una razón para seguir escondido en mi casa, sin salir más que para comprar. Cuando era joven y vivía en casa de mis padres me gustaba quedarme en la salita, con la puerta cerrada e intentando aislarme del resto de la casa. En cierta ocasión mi padre me expresó su preocupación –a su manera, como siempre-, diciéndome que aquello no era normal, y que terminaría encerrándome en un armario. Bueno, no he llegado a ese extremo, pero casi…
Lo curios del caso es que yo creo que quiero relacionarme. Sinceramente pienso que quiero conocer gente y salir a tomar copas, charlar, ir al cine. Hacer esas cosas que se supone que hace la gente normal. Pero no sé como. No sé como encontrar gente que esté en mi situación. Tampoco es un requisito indispensable que estén igual de solos que yo. No me importaría salir con un grupo ya formado, aunque tarde un poco más en coger confianza. Mi problema no es confraternizar, mi problema es romper el hielo. No sé como empezar. Luego, cuando ya está la cosa en marcha, me desenvuelvo bien. Tengo un buen concepto de mi mismo, aunque esté mal decirlo, y tengo un trato muy agradable. La pega está, como he dicho, en establecer el primer contacto.
Y en eso estamos. Inscribiéndonos en páginas de contactos, buscando gente que busque gente, valga la redundancia, para formar grupos y salir. Buscando cursos, talleres y similares para conocer gente, etc. Sólo espero no aburrirme demasiado pronto –otra vez- y perseverar hasta conseguir algo. Ahora no quiero una relación sentimental, solamente conocer gente y salir este aislamiento social que yo mismo me estoy imponiendo.
miércoles, 18 de marzo de 2009
Volver a empezar
La verdad es que no sé muy bien como empezar –o mejor dicho, retomar- este blog. Después de tener el otro bastante avanzado y con algunas entradas, comenzar de nuevo se hace raro. Pero creo que es lo mejor. De este modo empezare nuevamente desde el principio, intentando evitar los errores cometidos en el antiguo –como lo de decirle a la gente que tienes cerca que estás escribiendo en un blog-. Sé que voy a perder los escasos lectores que tenía, pero también se trata de eso, de empezar donde nadie te conoce. Donde puedes expresarte con libertad y sin preocuparte de que pensaran los que te lean.
Cuando abrí el otro blog, dije que quería que aquello fuera una especie de diario. Un sitio donde colgar impresiones, pensamientos –a menudo erráticos y dispersos- y donde poder desahogarme. Mi intención era colgar alguna que otra historietilla, algún chascarrillo, pero sin ánimo de ser leído. Era para mi uso personal. Pero como un Doctor Frankenstein cualquiera terminé perdiendo el control sobre mi criatura.
Al empezar a moverme por otros blogs y ver los comentarios que dejaban los lectores sentí envidia. Yo también quería que la gente me leyera. Quería convertir mi espacio en una especie de foro, donde la gente dejara comentarios, no solamente sobre la entrada en particular, sino sobre cualquier cosa. Cuando me di cuenta, estaba intentando hacer “amigos virtuales”, a falta de otros de carne y hueso, y para eso tuve que sacrificar el fin primigenio del blog. De ser un lugar donde soltar ideas y pensamientos incoherentes pasó a ser una especie de magacín donde colgar historias, cuentos y anécdotas, algunas simpáticas, otras emotivas. De vez en cuando “publicaba” alguna reflexión, de esas de las originales, pero al final pudo más el ansia de comentarios que las ganas de desahogarme. Intenté darle al “público” aquello que yo creía que querían.
Además, se corrió la voz y empezó llegar gente conocida, por lo que tuve que empezar a medir lo que decía, no porque fuera a decir algo malo sobre ellos, no es mi estilo, sino porque no quería dar demasiada información sobre mí. Aun así, desnudé mi alma más de lo que era aconsejable. Eso se acabó. Este espacio que estoy creando será aquello para lo que fue concebido. Mi propio desierto donde poder gritar a gusto, sin preocuparme de si alguien me escucha o no.
He dicho.