Querido diario:
Ha pasado bastante tiempo desde la última entrada, pero ya sabes que mi vida es bastante aburrida. Ahora que he vuelto de Santiago de Compostela sí tengo algo que escribir. No voy a repetir aquí lo que escribí en el otro blog, simplemente voy a explayarme un poco sobre por qué ha sido un fracaso. En tres palabras: por mi culpa.
Quizás influyó también una información “defectuosa”. Todo el mundo dice que es muy fácil hacer amistades en el camino, y eso debe ser verdad, pero para la gente normal; para la gente que no tiene dificultad en relacionarse. Cuando uno es un asocial, tímido crónico e incapaz de hablar con un desconocido, el hecho de ser un “peregrino” no cambia nada.
Yo esperaba, iluso de mí, que al ir solo me sería más fácil hablar con otros peregrinos que también fuesen en solitario. Incluso esperaba acoplarme a algún grupito poco numeroso de gente de mi quinta, pero no. Para empezar, eran muy pocos los viajeros que iban solos como yo, y los poquitos que había eran extranjeros y mayores, salvo raras excepciones. También me encontré con poca gente de mi edad. O eran muy jóvenes o muy mayores, y en ambos casos grupos de amigos que hacían el camino juntos.
Por otra parte, mi “instinto de macho” me empujaba a acercarme a las chicas, y más si eran atractivas –a estas alturas todas me parecen atractivas-, pero no me gusta parecer un “ligón”, así que me contenía, apretaba el paso y continuaba la marcha. Otro handicap más.
En resumen, la culpa de este fiasco ha sido mía y solamente mía. No debo culpar a nadie por mi incapacidad para relacionarme.
Hay una segunda lectura de esta experiencia. Diez días andando y pensando –no me gusta usar el Mp3 salvo cuando voy a correr- dan para reflexionar bastante. Estoy a punto de cumplir cuarenta años, aunque no los aparento. Casi no tengo amigos, y no mojo desde hace ya… bueno, mejor no “meneallo”. Cada vez veo más difícil encontrar pareja, y cuanto más tiempo pasa más me acostumbro a estar solo. Por una parte lo tengo más que asumido, y no me preocupa mucho. Ya se sabe que “órgano” que no se utiliza se atrofia, y lo mismo parece que ocurre con los sentimientos. Pero por otra parte me gustaría tener un poco más de vida social. Los fines de semana que me paso en mi casa no resultan agobiantes, pero echo en falta salir, dar una vuelta, hablar con alguien. Los días que pasé acompañado durante la peregrinación fueron los mejores del viaje. A pesar de la diferencia de edad y de intereses con Jose, uno de los sevillanos, lo pasamos bien hablando. Comprobé, una vez más, que soy una buena compañía, aunque me esté mal el decirlo. Entonces, ¿por qué me cuesta tanto relacionarme?
Joder, ¿por qué me resulta tan difícil romper el hielo y dar el primer paso? Creo que voy a darme otra oportunidad. Buscaré de nuevo alguna actividad que me permita conocer a otras personas, y a ver que pasa. Quizás me decida por el acceso a la universidad para mayores de 25 años. En ese ambiente es seguro que habrá gente de mi edad e intereses. En fin, probaremos. Al fin y al cabo, lo más que puedo perder son unos cuantos euros.
2 comentarios:
Yo estoy ya cansado de decírtelo, pero insistiré:
Teniendo internet, lo demás te sobra. Es mil veces más fácil encontrar buena compañía por internet que por cualquier película que te montes. Y me refiero a encontrar la compañía adecuada para salir y todo eso, no a quedarte solamente encerrado en internet.
Pero nada, tú sigue sin hacerme caso.
A ver si te doy la sorpresa, te cojo en el Messenger y hablamos con más calma.
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